Buscando mi consejo comunal…
Con el tema de la renovación del certificado de Productor Nacional Independiente, tuve que pasar de nuevo por la ladillita de pedir la carta de residencia, que es lo más engorroso de todo el trámite.
Antes lo era porque había que ir a la prefectura, no un día cualquiera, sino uno que combinara con el terminal de tu número de cédula, y madrugar porque sólo entregaban 40 números y pobre de uno si quedaba de 41. Una venezolanada habitual.
Pero esas venezolanadas, ciertamente características de la 4ta república se hundieron en el lodo cuando las costumbres de la 5ta nos arropan sin darnos cuenta. O sin que queramos darnos cuenta.
La carta de residencia hoy en día es otorgada, como sabrán los que la han necesitado últimamente, sólo por los Consejos Comunales, que al ser en tu vecindario, te la deberían poner más fácil, siendo vecinos al fin.
Los primeros días de enero descubrí que en Barquisimeto hay más consejos comunales que familias. Es así como en una misma cuadra puede haber no uno, sino dos, tres, cuatro consejos comunales.
Ya me habían dado la referencia de uno, donde no nos habían atendido muy bien, dejándonos claro que “ahorita no estamos haciendo eso”, y de paso un vecino le había agregado el detalle de que te atendían con diferencias dependiendo de si eres “de Henri o de Amalia”. Y yo que no soy “de” ninguno de esos dos disfraces, estoy como frita entonces. Sin embargo, fue sólo un rumor.
Visitamos 4 consejos comunales en una misma cuadra y en ninguno me daban respuesta de la carta porque yo vivo en la calle 54 y ellos estaban entre 57 y 58. Sin embargo, una que sabía cómo se mueve la cosa, nos dijo que si después de mucho preguntar no la obteníamos, ella me la hacía.
Llegamos a un consejo que después de tanto nadar pa morir en la orilla, está justo en la esquina de mi casa, en una quinta que he visto toda mi vida y sin ni siquiera saber quiénes viven ahí. Era lógico que me enviaran finalmente para que ese señor, pues a unos metricos de mi casa, estaba mandando en mis dominios. Pero adivinen qué? La casa del señor está en la acera del lado derecho y el edificio donde yo vivo está en la acera del lado izquierdo, y así sea diagonal, a unos escasos metros, eso fue suficiente para que me rebotaran una vez más. Según él, la señora Fulana de tal, que tiene un vivero en la misma calle, a unas cuadras más lejos pero eso sí, del mismo lado de la acera, debía ser la encargada de darme la carta.
Jamás encontré el vivero, así que amotinada ya, nos fuimos para que la única señora que nos había dado esperanzas. Ella me recibió los papeles y me prometió la carta para la tarde siguiente, pero con la observación de que no la iba a pasar buscando ahí, sino en una casa que queda un “poquito más adelante”, porque la señora que en realidad hace las cartas es otra, y ella es la que tiene el sello. Oootro consejo comunal, pues.
Y vale decir que cuando digo consejo comunal me refiero a las casas con sus porches, donde los directivos del “organismo” están en bata, shores, chancletas, viendo la gente y los carros que pasan por en frente. ¿Por eso reciben recursos? Cuidado les sale una hernia, pana. El poder lo tiene el pueblo, sí señor.
Al día siguiente fui a la casita señalada. A esa hora precisamente, la señora había mandado a sacar las copias del formato de la carta justo en la esquina de mi casa –again-, y como yo nunca puedo esperar ni 5 minutos, me disparé a buscar los formatos en la fotocopiadora. Cuando volví, la señora me pidió que llenara yo misma la carta, porque ella se equivoca mucho y total, la que manejaba la información era yo y lo importante es que ella misma la firme y la selle. Así que YO hice mi carta de residencia, ELLA la firmó y selló, y todos felices. Ya renové mi PNI.
Y una vez más queda claro porque algunos cantan con entusiasmo: “así, así, así es que se gobierna”.
“En memoria de Tomás Eloy Martínez”
Además de la pluma, el nuevo periodismo y los premios de Tomás Eloy Martínez, a mi lo primero que se me viene a la mente al oírlo-leerlo, es la muerte, a partir de ese hermoso texto que le escribió a su difunta esposa, Susana Rotker, que Feli me presentó. Y justo por la muerte, hoy (31 de enero) fue el día en que se volvió a juntar con ella.
Su propio texto es mi homenaje a Tomás Eloy Martínez. Tamaña historia de amor y admiración. Que toda periodista quisiera. Que toda esposa quisiera.
Es largo y vale la pena llorarlo.
“En memoria de Susana Rotker”
Por Tomás Eloy Martínez. Para La Nación
Hacia las cuatro de la tarde, el 27 de noviembre pasado, Susana Rotker y yo nos sentamos en su escritorio a discutir algunas de las ideas que ella acababa de agregar a su ensayo “Ciudades escritas por la violencia”. Hacíamos lo mismo desde 1979, cuando nos conocimos. Cada vez que alguno de los dos necesitaba sentir la resonancia de sus ideas en otro ser, nos leíamos en alta voz, con cierto aire de desafío y también con la esperanza de que el otro asintiera y dijera: “Sí, qué bien, cómo me habría gustado escribir eso”. No sé cuántas veces le repetí la frase aquella tarde. Había -hay- reflexiones notables en ese ensayo que estudia el miedo y la impune violencia de las ciudades como fenómenos que crecen y alcanzan a todos. “Es el reino de la fatalidad -escribía Susana hacia la mitad del texto-: no se acusa a nadie y al mismo tiempo se acusa a la sociedad entera.” Su inteligencia era como una luz: se movía en todas direcciones, con una intensidad que jamás declinaba, y era maravilloso tocar esa luz, porque desprendía calor, y felicidad, y fuerza: pocas luces podían llegar tan hondo con tan pocas palabras. El lenguaje no sirve para expresar las sensaciones de miedo, decía Susana. El miedo es tan inexpresable como el dolor. Oí esa misma frase infinitas veces, durante los infinitos días que siguieron.
“No viene nadie”
Algunos profesores de la Universidad de Rutgers -donde ambos trabajábamos- nos habían invitado a ir aquella tarde del 27 de noviembre a un encuentro profesional en Piscataway, cinco kilómetros al oeste de donde vivíamos. Ninguno de los dos tenía ganas de hacerlo. Yo estaba por terminar otro capítulo de una novela en la que ya llevo muchos meses de retraso y al día siguiente debía viajar a México para participar del Foro Iberoamericano organizado por Vicente Fox, Carlos Fuentes y el empresario argentino Ricardo Esteves. Susana, a su vez, tenía que corregir la versión en inglés de su libro Cautivas , revisar los trabajos de tres estudiantes cuyas tesis doctorales estaba dirigiendo y decidir cuándo y con quiénes haría la primera conferencia del Centro de Estudios Hemisféricos, la institución ambiciosa que había fundado en Guadalajara, México, para que los creadores e investigadores del continente pudieran terminar sus obras sin apremios ni distracciones.
Al final fuimos, por inercia. El estacionamiento de la casa estaba lleno y debimos dejar nuestro automóvil enfrente, al otro lado de una calle de doble circulación en la que los accidentes rutinarios -deslizamientos en el hielo, choques sin consecuencia- se cuentan por los dedos de las manos. Oímos un par de discursos y a eso de las siete y media, luego de cambiar miradas cómplices desde lejos, empezamos a despedirnos. La oí decir: “No hay tiempo. ¡Tengo tanto trabajo por hacer!” Salimos, tomados de la mano. Hacía frío. La noche era espesa, húmeda, y la raya temblorosa de un avión atravesaba el cielo. “No viene nadie -dijo Susana-. ¿Qué te parece? ¿Cruzamos ahora la calle?” La conocí en 1979 -ya lo he dicho-, cuando organizaba la redacción de El Diario de Caracas. Pregunté quién era el mejor crítico de cine de Venezuela, y en todas partes me dijeron, sin vacilación alguna: “Susana Rotker. No te va a ser fácil llevarla a un periódico nuevo”. No lo fue, es verdad. Susana era demasiado joven, tenía un éxito inmenso con la columna que publicaba todos los días en el diario El Nacional , y su belleza cortaba la respiración. Después supe que se creía fea y sin gracia, que dudaba de su talento, que amaba las grandes causas pero no se creía capaz de encabezar ninguna.
Ejercicio de reflexión
Contra lo que suponían los demás, todo desafío nuevo la entusiasmaba. A veces, ciertos faits divers -como llaman los franceses a las crónicas policiales- disparaban su imaginación y escribía sobre ellos crónicas espléndidas, conmovedoras. A uno de esos hechos alude enigmáticamente en el primer capítulo de Cautivas: una mujer quemada viva por un marido fanático e intolerante en Maracaibo. Después, cuando ambos fuimos a Washington y ella completó su doctorado en literatura en la Universidad de Maryland, la densidad y el incendio de su inteligencia crecieron día tras día, de manera casi visible, táctil. A partir de las crónicas norteamericanas de José Martí emprendió un ejercicio de reflexión sobre el nacimiento del escritor profesional y sobre los cruces entre literatura y periodismo que iban más allá de todo lo que se había escrito hasta entonces. Siempre admiré su método de trabajo: rumiaba durante semanas un tema y lo sacaba afuera luego de golpe, en un día o dos. Más de una vez la vi entrar en su escritorio a las tres de la tarde y salir de él a las tres de la mañana con cincuenta páginas impecables, que fluían como el agua.
Yo soy lentísimo, en cambio: rara vez voy más allá de una página o dos por día, con resultados inferiores. Si no la hubiera tenido a mi lado, las tres novelas que publiqué a partir de 1985 no serían lo que son. Ella salvó a mi imaginación de los naufragios en que sucumbe a veces, cuando navego entre la verosimilitud y la exageración, y me dio la ternura que hacía falta para no desfallecer en esa empresa de Sísifo que es la escritura de cualquier novela, valga o no valga la pena. ¿Cómo íbamos a suponer que yo estaría condenado a exponer alguna vez estas triviales intimidades? Todo texto es fatalmente autobiográfico, pero las columnas de prensa no tienen por qué convertirse en un confesonario. Si traiciono esa ley de hierro es porque no me perdonaría jamás seguir adelante sin decir a los cuatro vientos todo lo que le debo. Y, a la vez, yo ya no soy el yo que fui hasta hace pocas semanas. Soy ese yo menos ella, y aún desconozco el vasto significado de todo eso.
Buenos Aires y después
Dejamos la Universidad de Maryland en 1987. Yo quería regresar a la Argentina a cualquier precio, y tal vez nunca me perdone todo lo que ella tuvo que pagar por esa obstinación: padeció tres golpes militares, una hiperinflación de locura, el comienzo de la desocupación y de la inseguridad. En ese clima educamos a nuestra hija, que llegó a Buenos Aires cuando tenía seis meses y se marchó a los cinco años.
A partir de 1991, Susana recibió tantos ofrecimientos para trabajar en los Estados Unidos que me pareció injusto seguir atándola a mi destino. Hice al revés: me uní yo al de ella, y así nos fue mejor. Ambos nos hicimos argentinos y venezolanos y colombianos y brasileños en una tierra de nadie donde se puede ser todo y nada a la vez. En los últimos tiempos, su talento había crecido a ritmo de vértigo sin que ella se diera cuenta de lo lejos que había llegado. Escribía incansablemente sobre la violencia, sobre la pobreza, sobre las idas y vueltas del pensamiento latinoamericano con una intensidad en la que ponía todo el ser. A fines de octubre la invitaron a Harvard. He recibido decenas de cartas de quienes la oyeron. Me dicen que por la firmeza de su posición ética y por la fuerza de gravedad de su inteligencia, todos querían tenerla allí. No sé si habría ido. Ambos éramos felices en Rutgers: ambos éramos cada día un poco más felices, si eso es posible.
Cuando empezamos a cruzar la calle, aquel fatídico 27 de noviembre, sentí que algo la arrancaba de mi mano y me golpeaba a mí en los brazos y las piernas. Desperté sobre la línea amarilla que divide la calzada, desconcertado, entre automóviles que pasaban raudos o se detenían bruscamente. Imaginé que ella estaba al otro lado, a salvo. Luego, oí chirriar unas ruedas, corrí como pude, y descubrí su cuerpo hecho pedazos. La imagen de sus ojos abiertos y de su sonrisa de otro mundo me siguen por todas partes, a todas horas. En el instante en que la vi, sentí que la perdía. Habría dado todo lo que soy y lo que tengo por estar en su lugar. Me habría gustado verla envejecer. Habría querido que ella me viera morir.
Ya tengo 30
El 22 de diciembre cumplí 30 años. El hecho no pasó por debajo de la mesa, pero sí fue un poco distinto a lo acostumbrado.
No me tomé ninguna foto por ejemplo, y no pude documentar visualmente el hermoso vestido mexicano que me encaramé ese día (por eso la foto de arriba es del brindis del 31), gracias al cual mi querido Andrés Méndez me llamaba Florinda Meza, Natalia La Fourcade, Chavela Vargas, entre otros personajes mexicanos. Pero mis amigos no fallan, aquí estuvieron como cada año, con cuentos, regalos, mucha comida y sin “ay que noche tan preciosa”.
Lo cierto es que mientras pienso que ya me he convertido en una doña: 30, casada, con un absorbente horario de trabajo, responsable de manera agobiante, 6 kilos de más -talla 30 y M- y pocas señas de mi juventud rockanrollera, mis amigas dicen que los 30 son los nuevos 20. Las que ya tienen esa edad, claro, porque las que no, destacan lo de vieja y los muchachos que aún no tengo. Deja que lleguen, las espero. Igual, mientras siga pasando por estudiante de la Uney, vamos bien.
Sin embargo, sigo siendo caprichosa como una niña; no me gusta comer sin que mi mamá me sirva (y prepare, claro) la comida, y no paso un día sin una charla larga con mis vecinos, o sea, mis padres. De paso, soy extremadamente consentida y complacida, ahora también por un esposo que sólo es antipático a primera vista.
Los 30 años me han rendido, y el balance es favorable. Estudiar y trabajar haciendo lo que me gusta, es un buen indicador. Aunque la inconformidad y el miedo con el que vivimos en este país es una causa de depresión a cualquier edad, creo que he salido premiada con lo que he hecho y lo que tengo, por lo que siempre he estado infinitamente agradecida. Esperemos seguir sumando puntos.
Cuando yo nací hace 30 años, en 1979….
La película ganadora del Oscar fue Kramer vs. Kramer
La canción número 1 de las listas fue Another brick on the wall de Pink Floyd
El libro más vendido fue El libro de los seres imaginarios de Jorge Luis Borges
Así que ya venía acompañada de cosas buenas, no?
10 años después, Cayayo
En 1999 yo todavía no tenía Internet ni estaba acostumbrada a esas comunicaciones tan rápidas como las que tenemos hoy en día, cuando uno se entera que algo sucedió a los 2 minutos, cuando mucho.
Lo supe al día siguiente, pues aunque en la noche lo dijeron en La Mega, yo estaba pendiente de otra cosa porque me iba al Poliedro a ver a Alanis Morissette el 18. Igual, lo supe por La Mega: “murió Cayayo”.
Claroscuro le abría a Alanis y ese fue el primero de los muchos homenajes que escucharía en los años siguientes.
Aunque era muy niña cuando el boom de Sentimiento Muerto, tuve la suerte de verlo dos veces con ellos (una de esas en Sábado Sensacional en Barquisimeto), y una con Dermis Tatú cuando ya estaba más grande.
10 años leyendo-escuchando esas frases que sirven de título y calificativo: “emblema del rock nacional”, “la primera leyenda del rock venezolano”, “el más genuino rocksatr que ha parido esta tierra”…y aquella con la que titularon en la revista Exceso “De rock también se muere”
Yo pongo La violó, la mató y la picó hoy todo el día… como intensa-pegada, como si no hubieran pasado 10 años ya.
…”de los sueños y delirios,
que he dejado sumergir”.
En el Lara Top Fest
- Fui al Top Festival….aunque suene raro.
- No pasé roncha y no lo puedo creer. Como a todos los conciertos que voy, llegué tarde porque me choca esperar. Cuando llegué, ya todo el mundo había entrado así que no tuve que hacer cola ni nada. Nos dieron unos pases mágicos, conseguimos puesto de estacionamiento cerquita y entramos velozmente al área VIP. Buen puesto.
- Todo el mundo siempre está esperando (no sé por qué) que el gobierno les de “algo”. Yo, en mi vida, y de éste muchísimo menos. Pero por primera vez digo que recibí algo del gobierno regional: una acreditación para lo más importante de su plan de gobierno, es decir, el Top Festival. Y sin pedirla, ¿cuánto no es? No iré a ninguna otra función, por cierto, pero gracias.
- Nunca había visto a Servando y Florentino y los amé. Nadie me cree, pero me encantan. Tienen mala fama de todo pero son unos artistas, que lo digan la Nerd y la niña fresa. Y cantan de verdad, con el perdón de algunos amigos que dicen que cantan y no cantan nada, por ejemplo. Me gustaron, y?
- Rubén Blades es un señor artista. 2 horas de concierto de las canciones de siempre, del soundtrack de Feli, demasiado fino. Como no tiene temas nuevos, cantó esos clásicos eternos: Plástico, Decisiones, Ligia Elena, Plantación adentro….ahhhhh y María Lionza, demasiado Yaracuy!!!!!! =) Impecable, así como uno se imagina que es una gente que ha oído toda la vida., aunque sea indirectamente.
- Marc Anthony definitivamente no me gusta. Tiene tremenda voz, eso sí. Pero me pasó eso que le pasa a uno cuando tiene que calarse canciones seguidas de una música que no le gusta, estilo ruta: me obstiné. Muy imponente, muy “internacional”, la gente vuelta loca, pero qué se le hace? El hombre no me gusta en lo más mínimo. Y además es un payaso: Hizo una dramatización de emoción, medio temblaba, se persignaba, y ya iba a llorar. Ay no, mi amor con bastante payaso tengo que lidiar a diario pa calarme un showcito así voluntariamente. Next.
- Lo único divertido para mí de que viniera Marc Anthony era escuchar a toda la humanidad pronunciar mal su nombre. Unos más pa’lante, simplemente dicen “Marántoni” y otros demasiado gringoleo “Merkkkk-azoni”. ¿Es tan difícil decir Marcántoni?
- El estadio es tan enorme que los gritos son demasiado finos…da esa sensación de concierto sabroooooosa que tan poco se ve en Barquisimeto. Lo malo es que como comentábamos allí, un concierto de rock no llena eso ni en mil años: sabemos lo pichiiiiiirres que son los rockeros guaros para pagar entrada y luego, nunca hay suficiente motivación, como sí la tienen evidentemente los pachangosos y románticos.
- Como Marc Anthony me obstinó, me fui temprano y no encontramos cola saliendo, así que llegué rapidito a mi casa y no puedo creer que no tenga ni un solo cuento de roncha al respecto.
- De mi lista de conciertos, este es el primero “tropical” al que he ido. Fue raro, la verdad.
- Ahora, hablar de los animadores, de la actitud y pinta de 31 de diciembre de la gente en el VIP, de lo bárbaro y desconsiderado que me parece por parte de la gobernación generar el caos que desencadena un evento así en la ciudad y escupir para su casa a las 40 mil personas que asisten a las 4 de la mañana, como si fueran 40 mil que no tienen oficio, un MARTES, MIÉRCOELS, JUEVES…..es redundar. Ni hablar del marco teórico del Top Festival. Los que vivimos en el estado Lara sabemos que es el hijo consentido de nuestras autoridades. Y ya, aquí no hay preocupación de otro tipo. Así que también es redundar.
- Y esa fue toda mi experiencia en el Top Festival, porque no hay nadie medianamente decente en el cartel que me haga regresar al municipio Palavecino para celebrar con “el gobernador de los grandes eventos”.
PD: Y sí vine a trabajar al día siguiente, por si acaso…..
Inglorious cine barquisimetano

La verdad es que ya no tengo argumentos para mi inconstancia en este blog. Hay una razón principal: Desde que me quedé sola en mi oficina el tiempo se me limitó para todo y se multiplicó para trabajar (ya tengo compañía eficiente). Pero sabemos que ese no es argumento suficiente: en tiempos de grandes aboYes he escrito igual. Hay razones menores pero que hacen bulto: ser una señora me impide llegar a mi casa a cualquier hora sobre mi propio desorden y sentarme a escribir como antes; a todos los blogueros por muy viejos que seamos nos ha disminuido la frecuencia; el tumblr me distrajo y el twitter me tiene pegada todo el tiempo. He dicho.
En fin, he dejado de escribir por meses y con lo que voy a comenzar este cuento, es exactamente lo mismo que he escrito siempre y no por gusto, aunque parezca ya una vocación: una queja. Y es que no importa cuánto tiempo uno deje de salir a la calle, de enfrentarse con sus semejantes en el mundo real, de reseñarlo, siempre es lo mismo, no cambia. Justo como para constatarlo, mi pana Rafael Osío Cabrices escribió hoy en su crónica acerca del “insilio”, refiriéndose a lo insoportable que le resultó salir a tomarse una merengada en Caracas. En ese particular, agradezco que la provincia no se haya convertido en una pesadilla tan grande, conservándose pequeña.
Lo que principalmente quiero reseñar en este post es que fui a ver Inglorious Basterds ayer sábado en la tarde-noche. Un acontecimiento que para los cinéfilos intensos, provincianos, noveleros como yo, era muy esperado: la nueva película de Quentin Tarantino, recién estrenada en nuestro país (con retraso, por supuesto). Así que en cuanto supe que la estrenarían en Barquisimeto, mentalicé a Nel para salir corriendo a verla, y él que es tan poco todo lo que ya dije, aceptó resignado.
Pero resulta que en Barquisimeto hay dos formas de ver cine: Cines Unidos y Cinex. También existe el Rialto, pero con la gran paranoia que uno sale a la calle, la verdad no es tan fácil ir al Rialto como cuando vi ahí La Historia sin fin II en el 90. Y no estaban pasando Inglorious, anyway. Esas dos cerradas opciones tienen dos lecturas graves:
1. Vas a Cines Unidos que por lo general tiene un buen servicio, pero debes padecer por conseguir entradas, puestos y como siempre está full, calarte a un público insoportable que va a ver la película sólo por ir al cine a ver “lo que sea”. No puedes osar ir sin tener entrada reservada o comprada por internet porque jamás habrá para la función que quieres. El gentirín se debe a que ambos Cines Unidos están en los mini infiernos de la ciudad: El CC Las Trinitarias, al que yo voy sólo en caso de extrema necesidad porque no lo soporrrrrrrto; y el Sambil, que por su espacio amplio me gusta mucho más, pero cuyo cine es una tortura que es mejor evitar. Jamás le pasas por el frente sin que parezca un concierto de Isa TKM.
2. Vas a Cinex donde nunca hay nadie y puedes disfrutar a todo dar de la película, pero ofrecen un servicio pésimo, bodeguero, típico de un pueblo, inefable. La ausencia de bululú, creo que se debe a su ubicación en los centros comerciales del oeste (mi territorio), donde la gente ciertamente compra burda, pero como que no va mucho al cine. Ya he reseñado antes acá lo fino de estar sólo con Nel en una sala sin que niñitos incontrolables o gente que va a echar cuento pal cine nos rodee. Pero eso se paga. En Cinex nunca sirven los puntos de venta y te obligan a pagar en efectivo: bodeguero. Nunca hay suficientes bandejas y te tienes que llevar lo que compres en la mano. Las salas apestan casi siempre. Las luces las apagan a los 20 minutos de haber empezado la película. La actitud de los empleados es esa clásica de la gente que no aguanta su trabajo y quiere cerrar temprano. Y por último, lo que me pasó el sábado nada menos que en la función de Inglorious Basterds:
La película no estaba cuadrada en la pantalla, entonces de desbordaba y eso hacía que no pudiéramos ver los subtítulos (Grave porque hablan varios idiomas) y que cuando algún actor se paraba, se veía decapitado porque la cabeza se le salía del marco. Ahí me entró ese espíritu que como tenía tanto tiempo que no me sometía al mal de servicio de ningún lado en mi ciudad (estaba encerrada, pues), no me entraba, y revivió. Arriba en la salita de proyecciones no había nadie, la otra pareja que estaba en la sala miraba pa’rriba sin respuesta (sólo éramos 4 en total), así que me fui echando chispas para afuera a buscar a uno de los que quiere cerrar temprano y decirle que acomodara la pantalla porque ni modo que pasáramos las casi 3 horas así. El niño se activó y bueno, fue a hacerlo pero qué? Yo ya me había perdido los primeros minutos de la peli mientras hacía toda esa gestión y ya los quería ahorcar. Pa esa gracia, la hubiera visto quemada en mi casa sin tener que pasar por lo del punto de venta, las bandejas y la sala mugre, y la pantalla mal cuadrada, no???
Cuando me bajó un poco la furia, empecé a disfrutar entonces de Inglorious Basterds, pero ya cuando Hans Landa (el mejor personaje de todos hecho por Cristoph Waltz) le tenía avanzado el interrogatorio al francés.
Decir que la película de Tarantino es genial, es redundar, uno no espera menos y él no suele quedar mal. Además, los críticos profesionales dicen que los fanáticos de Tarantino le aplaudimos todo lo que hace, así sea un comercial de papas fritas.
Kate Winstlet decía que para ganarse un Oscar había que actuar en una película sobre el Holocausto y lo confirmó este año cuando ganó. Tarantino osó inventar su propia versión del Holocausto, con un enfoque obviamente friki, irreverente e impecable, que también se le ha criticado, pero por Dios, no esperarán ver a un Hitler como el de El Hundimiento, no? Describirla sería volver a decir lo que ya saben, aún sin verla.
Así han criticado que figuras como Brad Pitt, Mike Myers o Eli Roth no salen en pantalla por mucho tiempo, pero igual, las actuaciones son buenas, y la ausencia de largos protagonismos no resta méritos.
En estos episodios con gente de culto, las comparaciones son inevitables a pesar de que uno no las quiera hacer, menos cuando, como en este caso todas las películas son completamente distintas, aunque con signos de identificación: la sangre, por ejemplo. Pero diré que en mi colección, no supera a Kill Bill, aunque el nivel es máximo.
También hacía tiempo que no salía tan contenta del cine y es porque Inglorious Basterds es….glorious, definitivo. Espero en la misma situación ahora Los abrazos rotos de Almodóvar, aunque ya varios le hayan echado tierra.
Pero ya saben, esto de comentar películas es tan relativo. Tanto como la primera crítica que leí de Inglorious después de su estreno: “Quentin Tarantino para algunos ha cumplido, para otros no con su Inglorious Bastards”. O sea….
Hace 8 años en La Mega

El pasado 6 de agosto cumplí 8 años de locutora en La Mega de Barquisimeto. Son muchos los post que le he dedicado a La Mega, en los aniversarios de la radio, de mis programas, y ya es un disco rayado que vuelva a decir aquí que esa es la radio donde siempre quise estar.
El viernes 7 hicimos el foro Voces en corto circuito, como parte de la lucha que el circuito Mega hace para mantener todas las radios encendidas. Luis Chataing, Guillermo Díaz, Iván Matta y Alex Goncalves vinieron de Caracas a expresar sus opiniones en el auditorio de la Universidad Fermín Toro. Los “teloneamos” de Barquisimeto, Leonardo Camacho y yo. Unos con más años, más celebridad, más programas y más real que otros, pero todos llevamos la palabra “radio” pegada en la frente y la vocación. Y no es nuestro caso nada más: No he conocido al primer trabajador de radio que no se apasione la vida entera haciendo eso y que de pronto empiecen a cerrar las emisoras aquí es un shock insuperable que obviamente, no queremos seguir viendo –ni oyendo-.
Esa lucha, lo dijimos varias veces no es sólo por el circuito Mega, sino por la radio en general. Pero este post, condicionadamente es sobre mi cumpleaños en La Mega, y lo que quería referir del foro es lo que allí dije: que me gustaría haberlo celebrado, teniendo otro contexto. Y quiero decir: 8 años y contando!!!!
Cuando empecé a trabajar ahí tenía 21 años y apenas estaba en el 3er semestre de Comunicación Social. Toda la vida le agradeceré a Juan Andrés Peñalver haberme ofrecido en nuestras largas jornadas de fin de semana en Bamboleo, ese horario pesado pero divertido, de 10 a 12 de la noche, razón por la cual me quedaba dormida en la clase que tenía a las 7 am.
Además del enorme palo de agua que cayó esa noche que empecé en La Mega mi primer programa que se llamaba A última hora, tengo dos anécdotas que me encanta repetir: Nelson Zambrano fue mi primer operador, y varias personas me decían que era el mejor de todos. “¿Con qué vamos?” era la pegunta que no dejaba de hacer antes de ir al aire para que no lo agarrara fuera de base con algún track del mini disc o alguna llamada. Le tenía pánico porque como saben los que lo conocen, es demasiado antipático y mete miedo, pues. Luego nos hicimos panas porque somos como de la misma calaña jajaj y hoy en día es el gerente de producción de la radio, y también es mi esposo. Y no por esto último, pero confirmo que como operador, no se aceptaba ni un error. Adicional: Lleva 17 años ahí, más de la mitad de su vida. Nadie hace eso sino es por amor al trabajo, no??
Esa misma noche, la primera persona que me llamó para desearme suerte en el programa y tal, fue Leonardo Camacho, el Doc, a quien para el momento, yo no conocía de nada. Se había ido temporalmente de La Mega, dejando ese horario, precisamente. Fue muy pana dándome tips del horario difícil, y a los meses regresó para la mañana de donde no salió más. Hoy en día, es el director de la radio, mi pana y mi compadre.
He estado en todos los horarios de La Mega -menos en la mañana, salvo casos puntuales-: Tarde en la noche, temprano en la noche, tarde en la tarde, a media tarde y tempranito en la tarde. Y así somos allá: un equipo grande, una familia grande.
Sigo creciendo, sigo aprendiendo, sigo makinando, ahora en la lucha por hacer valer los dos slogans más recientes de la radio: Fuerza Mega, donde sea….
[Break: Por cierto, para los que me mandaron correos a favor del gobierno, alegando que las radios explotan a sus operadores, les informo que en La Mega, todos cobran mucho más del sueldo mínimo y tienen todos los beneficios contemplados en la Ley. Y hasta donde yo sé 6 horas de trabajo diario no es explotación. Información general, pues.
Ahora, para lo que dicen que no todos los programas son buenos, que si este desinforma, el otro sólo echa broma, creo que no es necesario repetir que esta es una radio de entretenimiento, de corte juvenil y que si un programa le parece malo o lo que usted quiere es escuchar noticias, como todo en la vida: puede cambiarlo y poner otra cosa. Y si cree que la radio va a ser tan culta como nuestro único canal social, pues siéntese a esperar. Me molesta que suene a caletre, de parte y parte.]
Aunque ya nadie lo soporte, dejo el video de la canción en español que MAAAAS sonaba en La Mega cuando empecé
Y esta la que más sonaba en inglés
Y esta la venezolana, cuando no existía el neofolclor
“Yo puse las canciones en tu walkman”

El walkman y yo somos contemporáneos, ambos de 1979. El de julio y yo de diciembre. Vine a tener el primero como a los 9 años, con cosas tan distintas en los cassettes como Menudo, Guns n’ Roses y Zapato 3. La semana pasada con la celebración de sus 30 años (yo todavía tengo 29, ok?), leímos y oímos mucho sobre él. Y yo, pues como buena pegada del pasado, no quedo atrás.
Mi primer walkman era un Sony, claro, el padre de la criatura, negro, y me duró muchísimo. Pero después, Feli y yo nos enamoramos de uno que vimos en Margarita, blanco con los botones morados, de niñita pues. Además traía en los audífonos unas gomitas de colores que uno cambiaba según la combinación que quería tener ese día. Y ese me duró mucho más.
Creo que en total tuve 4, siendo el último un Aiwa que también compré en Margarita, traicionando por primera vez a Sony, cuyos audífonos debo decir, aún existen y aún cargo para arriba y para abajo.
En un artículo publicado el viernes en El Nacional, titularon que el walkman cambió la forma que teníamos de escuchar música, y ciertamente, por eso se nos hizo un objeto tan entrañable. Te aislabas con lo que querías oír, lo podías repetir dándole a rewind cuantas veces quisieras, te desconectabas en los viajes de la música del carro de los demás, o era la compañía de los que no tenían.
Cuando viajaba con mi amiga La Mona, siempre íbamos oyendo canciones de despecho adolescente y pobre de nosotras si queríamos repetir o adelantar las canciones. RWD y FWD. Oh well. Era un denominador común para todo su público: viajar con él encima.
En fin, para mí, como para muchos, se convirtió en un compañero de vida inseparable: Poder oír la radio en todas partes era un punto fuerte y además, siempre cargaba un montón de cassettes (que por lo general, grababa de la radio) y mi vida cambió cuando empecé a comprar pilas recargables. TDK, Sony, Maxell, Sonoteck. Un aparataje.
El sábado hablábamos en el programa que en los 80 la gente decía “guolman” para referirse al aparto, sin la notable pronunciación de la sola K que da el LK en inglés. De hecho recuerdo que había gente que le decía “stereo” para no lidiar con la pronunciación de una palabra tan difícil.
La última vez que vi a Fito Páez cantó una de mis canciones preferidas: Al lado del camino, y cuando recitó “yo puse las canciones en tu walkman”, soltó rapidito “¡qué viejo!!”, hoy sería Ipod.
Me costó mucho superarlo, de hecho, tuve mi primer y único discman que aún funciona, bastante tarde con respecto a mis amiguitos. Y por el mismo camino voy con el Ipod: nadie me cree que no tengo. Sé que es una maravilla y cuando los veo, me siento en las cavernas. Quizás es por eso que el walkman para mi sigue siendo lo máximo aunque ya ni vendan los cassettes con música. Me pasé.
Ahora, el nombre walkman como producto sigue existiendo, pues Sony lo ha adaptado con la enorme capacidad de almacenamiento, pantallas touch y demás para competir con el Ipod. Pero para nosotros el walkman, es el guolman de los audífonos redondos y el RWD.
PD: la calidad de la foto apesta pero era el modelo que quería
Acostumbrados detalles de la prensa
Encontrar un periódico sin descuidos, errores, faltas, cosas que no son, entre otros, son hechos casi imposibles. Mi padre, Feli, se ha dado a la tarea de señalarlos, corregirlos y explicar el porqué de muchos de los que se encuentra a diario en cada ejemplar de la prensa que lee. Siendo periodista sé que la premura, la presión y el estrés con el que siempre se escribe todo, conducen a esa situación, pero precisamente, es lo que nos condiciona a la vez a estar acostumbrados. Es como haberse resignado ya a que Chávez no se va a ir nunca. No está bien, pero qué más….
Suelto todo este párrafo para justificar que yo no critico por criticar, como cree la mayoría. Tengo una “teoría” por decirlo de algún modo. Lo otro que diré antes de comentar lo que me hace escribir este post, es que, antes de ganarme otra enemiga gratis en un periódico distinto esta vez, debo decir que Claudia Aldana es pana, me agrada normalmente lo que escribe y me gusta que no se encasille en una sola fuente, demostrando habilidades en varias. Y tengo la fe además, de que ella, contrariamente a las “otras”, no dejará de reconocer su falla para batirse diciendo que yo tengo el pelo feo, por ejemplo.
Voy a comentar, sobre la reseña del concierto de los 20 del primer disco de Desorden Público en el diario El Impulso, claro está. El asunto es, que así como fanáticos de la pintura, los libros, la economía o expertos en algún tema científico se alteran cuando ven errores u omisiones en artículos y reportajes relacionados con el tema, yo lo hice cuando vi esta reseña, por varias razones: 1. Por ser una pegada hasta la muerte, y esto implica, ser temática con el asunto. 2. Por la confusión en cuanto al repertorio, que ocurre SIEMPRE que el periodista no conoce bien al grupo a reseñar. Como si a mi me tocara cubrir un show de Olga Tañón, Dios me libre. 3. Las omisiones importantes. Y sí, tal vez estoy dándole más importancia de la que tiene, pero bueno, cada loco con su tema que quiere leer en la prensa.
Esto se resumen en:
1. ¿Por qué en ninguna parte dice que El Pacto subió a tocar con Desorden? Es un dato que tal vez a un lector de El Impulso digital en Maturín no le interese en lo absoluto, pero a los guaros nos dice mucho. Es una de las bandas más emblemáticas que ha tenido el estado Lara, que por años le abrió los conciertos a Desorden en los 90, que se separaron hace tiempo y por primera vez se encaramaron todos juntos a volver a hacer eso por lo que la gran mayoría de los que estábamos ahí nos movíamos en un tiempo. Entonces, no era suficientemente importante por lo meeenos mencionar la presencia de El Pacto en ese concierto? Más aún cuando entre ellos y Desorden tocaron una de sus canciones más conocidas, juntos, y luego, ellos tocaron con Desorden Tiembla. Me imagino que alguno de sus integrantes, esperaban ver algún comentario en esa nota.
2. El tema de las canciones confundidas. Comenzando, precisamente por la de El Pacto. “…Políticos paralíticos y La Caravana para cerrar un noche de elegante irreverencia”. Primero, no cerraron con ninguna de esas dos. Y segundo, Caravana es una canción de El Pacto, no de DP.
Luego, me pongo más ladilla con Pablo Dagnino jeje y la parte que dice “Luego de cantar Miraflores entró Pablo Dagnino, vocalista de la agrupación Sentimiento Muerto para cantar Manos Frías y Enredos”. Esteee, Miraflores es una canción de Sentimiento Muerto, por lo tanto, Pablo no pudo haber salido luego de tocar ese tema, porque precisamente lo único que él cantó fueron dos canciones de SM: Miraflores y Manos Frías, porque Enredos es de Desorden Público y Pablo, no cantó ninguna de ellos.
3. “…los muchachos de Desorden estaban sentados en un sillón viendo televisión. Desde allí, cómodos y desenfadados, hicieron un medley acústico con fragmentos del soundrtrack de Los Mounsters, programa que veían el pequeño televisor”. ¿En qué momento escuchó el medley? Porque mientras estaban en el televisor, lo único que tocaron fue Lili y por eso el teatro con Los Monsters. El medley vino después, en otro contexto que nada tuvo que ver con el televisor y que me imagino que todos los que estuvieron, lo recuerdan.
Yo estoy conciente de que no puede saberse de todo en la vida, y si no eres fanático de una banda, mucho menos conocer los detalles de principio a fin para reseñarlo en el periódico. Pero hay que tener presente que muchos de los que se van a ir de boca a leer la reseña, lo son y en consecuencia, van a saber más que el que escribe. Entonces, en caso de emergencia rompa el vidrio: pregúntele a uno que sepa, que no confunda los temas de DP con los de SM, que no sólo sepa qué es El Pacto, sino que también sepa que ellos tocaron también. Uno que eche el cuento bien, para que al final no parezca que el que está escribiendo no hubiera ido al concierto. Más si la reseña saldrá dos días después.
Es todo. Soy temática.
-
Archivos
- Febrero 2010 (2)
- Enero 2010 (1)
- Noviembre 2009 (1)
- Octubre 2009 (3)
- Agosto 2009 (1)
- Julio 2009 (1)
- Junio 2009 (3)
- Mayo 2009 (3)
- Abril 2009 (3)
- Marzo 2009 (4)
- Febrero 2009 (7)
- Enero 2009 (8)
-
Categorías
-
RSS
Subscripciones RSS
RSS de los Comentarios








