Edelweiss’s Voice

El sonido de mis letras

“Yo puse las canciones en tu walkman”

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El walkman y yo somos contemporáneos, ambos de 1979. El de julio y yo de diciembre.  Vine a tener el primero como a los 9 años, con cosas tan distintas en los cassettes como Menudo, Guns n’ Roses y Zapato 3.  La semana pasada con la celebración de sus 30 años (yo todavía tengo 29, ok?), leímos y oímos mucho sobre él. Y yo, pues como buena pegada del pasado, no quedo atrás.

Mi primer walkman era un Sony, claro, el padre de la criatura, negro, y me duró muchísimo. Pero después, Feli y yo nos enamoramos de uno que vimos en Margarita, blanco con los botones morados, de niñita pues. Además traía en los audífonos unas gomitas de colores que uno cambiaba según la combinación que quería tener ese día. Y ese me duró mucho más.

Creo que en total tuve 4, siendo el último un Aiwa que también compré en Margarita, traicionando por primera vez a Sony, cuyos audífonos debo decir, aún existen y aún cargo para arriba y para abajo.

En un artículo publicado el viernes en El Nacional, titularon que el walkman cambió la forma que teníamos de escuchar música, y ciertamente, por eso se nos hizo un objeto tan entrañable. Te aislabas con lo que querías oír, lo podías repetir dándole a rewind cuantas veces quisieras, te desconectabas en los viajes de la música del carro de los demás, o era la compañía de los que no tenían.

Cuando viajaba con mi amiga La Mona, siempre íbamos oyendo canciones de despecho adolescente y pobre de nosotras si queríamos repetir o adelantar las canciones. RWD y FWD. Oh well. Era un denominador común para todo su público: viajar con él encima.

En fin, para mí, como para muchos, se convirtió en un compañero de vida inseparable: Poder oír la radio en todas partes era un punto fuerte y además, siempre cargaba un montón de cassettes (que por lo general, grababa de la radio) y mi vida cambió cuando empecé a comprar pilas recargables. TDK, Sony, Maxell, Sonoteck. Un aparataje.

El sábado hablábamos en el programa que en los 80 la gente decía “guolman” para referirse al aparto, sin la notable pronunciación de la sola K que da el LK en inglés. De hecho recuerdo que había gente que le decía “stereo” para no lidiar con la pronunciación de una palabra tan difícil.

La última vez que vi a Fito Páez cantó una de mis canciones preferidas: Al lado del camino, y cuando recitó “yo puse las canciones en tu walkman”, soltó rapidito “¡qué viejo!!”, hoy sería Ipod.

Me costó mucho superarlo, de hecho, tuve mi primer y único discman que aún funciona, bastante tarde con respecto a mis amiguitos. Y por el mismo camino voy con el Ipod: nadie me cree que no tengo. Sé que es una maravilla y cuando los veo, me siento en las cavernas. Quizás es por eso que el walkman para mi sigue siendo lo máximo aunque ya ni vendan los cassettes con música. Me pasé.

Ahora, el nombre walkman como producto sigue existiendo, pues Sony lo ha adaptado con la enorme capacidad de almacenamiento, pantallas touch y demás para competir con el Ipod. Pero para nosotros el walkman, es el guolman de los audífonos redondos y el RWD.

PD: la calidad de la foto apesta pero era el modelo que quería

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julio 6, 2009 Posted by | Cuentos de camino, Musiquita | , , , | 6 comentarios