Edelweiss’s Voice

El sonido de mis letras

La supremacía del foami y el papel maché

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Hace un par de semanas retomé mi curso en el componente docente de la UPEL. Lo había dejado hace unos cuantos años cuando trabajaba de noche en el Hilton y luego, tratando de hacer las cosas más fáciles comencé a hacerlo online en la UFT, pero es un asco. Así que antes de seguir perdiendo mi tiempo en mi a pesar de todo, querida alma matter, decidí estresarme los martes y los jueves para llegar a tiempo de San Felipe a la UPEL y finalmente, tener obtener mi diplo de docente.

 

Pero no es de mis planes de teacher, mi fobia a los grupos de compañeros de clase, contenidos y demás cosas que han estado implícitas en toda mi vida académica de lo que quiero escribir.

 

Lo que me tiene en un severo y confuso shock es el hecho que en pleno siglo 21 cuando todo el mundo se comunica por blackberry, carga su laptop para todas partes e investiga en la Wikipedia, aún exista en los salones de clase la supremacía del foami, el papel maché y bond, y la pega Ega, como cuando yo veía manualidades y hacía cintillos en 4to grado. Dios mío, ten piedad.

 

Toda mi vida he sido anti láminas, anti adornos para presentaciones y exposiciones, ni siquiera en mi tesis hice una cochina lámina, que según yo, no son más que pérdida de tiempo y apoyo para los que no tienen idea de lo que están hablando. Como una chuleta. Ni hablar de los refrigerios. ¿Van a estudiar o van a comer? Nunca entendí tampoco por qué nos obligaban en algunos casos a llevar refrigerio. Afortunadamente, en la UFT estudié con la hija del dueño de la panadería Hawaii Pan y la metíamos en los trabajos a cambio de unos pastelitos, y todos contentos. Yo prefiero escribir páginas y páginas antes que ocuparme de lo accesorio que no tiene ningún papel relevante, al final.

 

Cuando volví a los salones de la UPEL me di cuenta que había olvidado por completo cosas tan absurdas como hacer “distintivos” para todos los compañeros que presenciarán nuestra exposición. Unos dicen “bienvenidos”, otros el título del trabajo y otros más esmerados los nombres de cada persona.

 

La popularización de los fulanos mapas mentales y conceptuales ha revivido al papel bond, es cierto. Lo que no entiendo es por qué rayos el mapa hay que adornarlo con papel arrugadito en las esquinas y una demasiado “escuela-estadal-de-cuando-yo-estudiaba-primaria”, tiza de colores. Juro que retrocedí 20 años y jamás encontré el motivo.

 

¿Por que? ¿Por qué? ¿Por quéeeeeee? No lo entiendo. Lo más paradójico de todo este asunto es que el primer día abordamos el tema del “nuevo paradigma del docente”, para lo cual entonces, deberíamos llevar papel bond, marcadores, etc, etc….tiene sentido? Ningún profesor de los inolvidables o altos intelectuales que me han dado clase en alguna de las 3 universidades donde he estudiado, o que he conocido en la universidad donde trabajo, recurren a esas técnicas tan básicas y obsoletas. NINGUNO. ¿Entonces? ¿Me estoy engañando nuevamente con estas clases? Lo que sé es que si quiero consagrarme como docente en algún momento de mi vida, ja-más lo haré de esa manera. Ni con las benditas dinámicas de inicio y cierre.

 

En este caso, los temas que hemos estudiado hasta ahora son interesantes y también las metodologías tipo taller que los otros estudiantes aplican según el día de su exposición. Es ese aparataje decorativo el que no aguanto y me hace la cosa contradictoria. Y bueno, yo que soy tan maniática pa todo, siempre tengo algo por qué sufrir.

 

Otra cosa fundamental, es el tiempo. Pana, hay que tener mucho tiempo libre para hacer bolsitas como la de la foto arriba con papel pintado, pegarle asitas de foami y flores de adorno, y no conforme con eso, abrirle huecos a los lados y meterles un hilo decorativo. Yo no tengo ni el tiempo, ni la habilidad, por eso para mi, finalmente, tienen mucho mérito, en realidad.

 

El Twitter Berry me ha salvado de la fatiga que me producen las dinámicas bailables, los arreglos de manualidades y las láminas de power point que hacen la clase interminable y me confirma que no soy la única que piensa esto. Y me he preguntado ¿Será que me metí en clases de preescolar sin saberlo?

 

Antes de que alguien de por allá, que no conozca mis quejaderas de aquí, lea y malinterprete, aclaro: Mis compañeritas me agradan mucho, al igual que la profesora MsC que habla con mucha propiedad y de manera convincente y respetable. Pero los temas que tan bien explica no van con el foami. Es decir, mi estrés es contra la actividad en sí. No sé de quién es la idea, quién lo promueve. Tal vez al inicio del diplomado les metieron un chip que les configuró que esa es la mejor y más grata manera de hacer las cosas. Porque cuando yo empecé en 2005, tenía un equipo buenísimo: abogados, contadores y periodistas, todos ocupados. Nos dividíamos los puntos de los trabajos y en las noches armábamos la cosa por MSN y ya. Si había que llevar alguna decoración adicional, la más hábil en la materia la hacía, pero fue muy poco, realmente.

 

Me quedan 5 módulos y espero que las cosas cambien, y en la medida que el tiempo pase vea menos el foami y el maché. Lo único que concluyo es que  pareciera que yo no pertenezco a esta época y en vez de haber dejado el diplo hace 4 años y rregresar en 2009, la cosa hubiera sido a la inversa.

 

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abril 7, 2009 Posted by | Crónicas Amotinating, La gente es así, Manías | 16 comentarios

¡Por todos los Benjamins!

El sábado fui al Barquisimeto Rock Fusión (o algo así) y confirmé lo que tantas veces confirmo cuando vuelvo a ese tipo de eventos: Yo ya no estoy pa esos trotes.

 

Lo que es lo mismo decir que estoy vieja ya. Pero hay dos puntos muy importantes que quiero expresar con respecto a esto:

 

Yo siempre he apoyado la filosofía bohemia de que hay que cultivar las cosas que a uno le gustan, la esencia de lo que uno siempre ha sido y no encorbatarse a asumirse ajeno a lo que siempre te ha gustado. Y yo, soy una pegada a fin de cuentas.

 

Pero de ahí a estar exactamente igual que hace 10 años, noooooo Dios mío por favor. Es necesario con urgencia hacer algo productivo por la vida, moverse. Y pocos de los que estábamos ahí, de mi época, lo hacemos.

 

Lo otro es, cuando uno sabe que creció, la forma en la que ve cómo van cambiando las cosas. El ambiente era el mismo, pero como en una fiesta pro graduación, verbena. Creo que este efecto se notó mucho, porque más que un toque de bandas, la cosa parecía una rumba casera en el viejo Campo de La Haya, al que yo fui a comer alguna vez cuando tenía 7 años.

 

Y uno es “así” definitivamente, de estilo pro graduación a los 18 o 20 años. Yo era así. Era rarita como las niñas que brincaban de un lado a otro esa noche, excéntrica como ellas, tenía lentes de pasta antes de que se pusieran de moda, y el pelo azul; creía que esos eventos eran lo máximo en la vida porque de las 100 personas que había me saludaban 98 y mis amigos de los grupos me dedicaban canciones de rock. Era un nivel. La cosa sigue siendo exactamente igual, pero con nueva generación.

 

Fuera de los grupitos que uno va a escuchar, ya casi no hay razones para estar en sitios como ese. El del sábado tenía un cartel de 8 grupos, de los cuales yo sólo conocía a Los Mentas, a quienes vi por primera vez en 1999, cuando la mayoría de los que estaba ahí eran niños. Mentira, conocía a varios de los aquí de Barquisimeto, pero ya tampoco es mi generación de grupitos, pues. Y no está fácil eso de que, de un cartel tan largo, a las 11 de la noche haya tocado un solo grupo.

 

En un momento Nel me dijo exagerando-bromeando “vámonos, da como pena que nos vean aquí”, y a los 10 segundos ya estábamos en el estacionamiento muertos de la risa porque sospechábamos que todo eso iba a pasar.

 

La historia del rock local siempre es la misma: Grupos con poco apoyo, público que no quiere pagar la entrada, eventos que empiezan tarde, integrantes de bandas que acaban con una y estrenan otra, once again and again and again. Y la historia del faranduleo siempre es la misma también.

 

Pero por favor, todos tienen que ir creciendo. Por eso me encanta lo que dice Greta, que apenas tiene como 22, cuando se refiere a las cosas que no hará cuando tenga 26 y se asuma crecidita (entre esas, seguir escribiendo en el blog jaja).

 

Me hubiera gustado ver a Los Mentas ¿Alguien que fue, sabe si cantaron La cachifa de Haití? Me recuerda una de las escenas más incoherentes en mi vida de radio.

 

Es rarísimo, porque así me veo allá y en mi trabajo, por ejemplo, siempre me ven como “carajita”. Y no es que me la quiera dar de desubicada, todo lo contrario, uno siempre tiene que ser ubicado en la vida para no parecerse a todos esos Benjamins que a diario citamos. Y no es así en todos los toques, pero en este lo fue, profundamente jaja. Y también me acuerdo de los hermanos Cohen y digo “No country for old men”.

 

marzo 23, 2009 Posted by | Cuentos de camino, La gente es así, Manías | 14 comentarios

Doctoras

No hay cosa más aburrida que un reposo. Aunque estas vacaciones entre tareas y diligencias, se me fueron muy rápido, tampoco quería que me clavaran un reposo la primera semana de trabajo. Y menos por dengue. Mi segunda vez.

 

Pero aquello de que lo único contra el dengue es el reposo, es cierto, porque a uno le duele todo, y todo produce fatiga, así que no quedan muchas opciones aparte de dormir y ver tv o alguna peli en el mejor de los casos, y pensar…

 

Desde la semana pasada que cumplí con otras diligencias médicas comentaba con mi familia que definitivamente no me gustan las doctoras, médicos mujeres, pues. Salvo algunas excepciones, claro: mi tía Ana por ejemplo. Neumonólogo, la doctora de la familia a la que le preguntamos todo. Además inteligente, precisa y tajante, como debe ser.

 

También me gusta la internista que me diagnosticó el dengue, que ya me había visto antes: Talía Uzcátegui (a quien yo llamo María la del Barrio), porque además de minuciosa, es cómica sin perder el glamour.

 

Pero en general, hay algo de la mayoría de las doctoras que en realidad no me gusta. Primero, debe ser esa condición de mujer de querer como “echar cuento”, esa “comadrería” que me molesta, no sé…Hay otras que atienden como si estuvieran en su casa, como una doctora con actitud de ama de casa, algo así. Otras, cuya apariencia no las ayuda, y si uno le va a poner la salud en sus manos, ni modo, con una franelita no puedes confiar en ellas.

 

Mi médico endocrino, que controla mi diabetes es Alfonso Castillo Dugarte, no sólo famoso por su programa en televisión. También lo es por su constante actualización en todo lo que tiene que ver con esta enfermedad, por tener un título de diabetólogo, ser súper tecnológico y además, un poco temperamental y regañón si el paciente es indisciplinado. Yo lo amo con todo el paquete completo, y a él le creo todo, hago todo lo que me dice y creo ser una extraordinaria paciente diabética de 20 puntos, justamente por la sinergia que tengo con él.

 

También tengo mi médico de cabecera, El Doc Leonardo Camacho. Mi pana, compadre y jefe. Ese mismo que la gente en Barquisimeto escucha todas las mañanas haciendo el programa El Hospital de La Mega y cuando llega a la emergencia de la clínica Canabal confirman “Ahhh es que El Doc de La Mega es doctor de verdad”. Lo es, y es de los más sabios que conozco. Muy acertado en sus diagnósticos y tratamientos, es de esos doctores en los que uno confía para todo.

 

Y así, en diferentes especialidades, tengo algún doctor preferido, hasta ginecólogo. Es demasiado tercermundista eso de “yo prefiero que me vea una ginecóloga porque me da pena”. Aunque sí tengo amigas ginecólogas que me agradan, pero la condición de la pena me da un poco de grima.

 

No sé, a mi los doctores me inspiran más confianza, sabiduría y respeto. Creo que el culpable que eso sea así fue el Dr. Carlos Rivero, pediatra brillante con el cual muchos crecimos. Cuando se jubiló, sufrí porque jamás encontré otro como él y hasta grande, me recetaba de vez en cuando. Pediatra mujer? Jamás como él…

 

Obviamente, como en todo hay excepciones, y habrá médicos matasanos, otros que tiran flechas y no pegan una, así como sabias y grandes doctoras de las que cada quien tenga anécdotas, no quiero hacer una generalización, ni tampoco una discriminación de mi género femenino. Es sólo una observación de lo que he visto recientemente en mis rutas clínicas….

 

…y espero incluir en el paquete de las buenas médicos a mis amigas, las próximas doctoras Alejandra y Jenny, sean cuales sean sus especialidades.

 

PD: como ven, estoy aburrrrrrrridaaaaa

septiembre 9, 2008 Posted by | Cuentos de camino, Manías | , , , , | 9 comentarios

Barry White / Mc Flurry no me encanta

Compré una biblioteca para mi apartamento new. Sé que una biblioteca no es suficiente para hacer realidad el sueño de mi mamá: llevarme todos los libros, revistas y páginas de periódicos, considerando que ella añade a su sueño, los cuadernos que aún conservo, hasta de cuando estudiaba Hotelería en el IUETAEB hace 10 años. Sé que es una exageración, pero hay tantas cosas que me cuesta botar. Y sí, una pila de papeles integra esa lista de cosas…es difícil.

Además, no es que la biblioteca sea tan grande, es de un tamaño aceptable. Tengo unos libros de los que me regalaron en diciembre que han estado dando vueltas en “la otra cama” (nido revuelto de todos los desordenados), buscando puesto. Pero la voy a estrenar con un libro nuevecito que se me atravesó hoy mientras estaba esperando para entrar a una cita con el médico.

Barry White no es el único que sabe de amor es parte de la colección Llámalo amor, si quieres, que no había captado mi atención desde que salió, por la parafernalia, quizás. Pero Feli me leyó una reseña justamente de éste, libro conformado por una antología de cuentos de importantes escritores latinoamericanos, hecha por mi estimado y admirado Roberto Echeto. Ahora de los 10 títulos que conforman la colección, algunos me atraen y otros, en lo absoluto, como todo.

Pero volviendo a éste, Julio Cortázar, Adriano González León, Gabriel García Márquez, Mario Benedetti, Federico Vegas, son sólo algunos de los autores que –tal vez- hemos seguido por sus otras escrituras, y no mucho por sus cuentos. Esta es una sencilla, y baratíiiiiisima forma de acercarse entonces a los cuentos, y vacilarse además, la manera tan cotidiana y nada rebuscada de presentar –como es su costumbre- las diferentes caras del amor, del señor Echeto. Y el pito que toca Barry White en todo esto!

Eso sí, en un solo cuento que he leído he pillado algunos errorcitos tipo los que caza Feli en su blog. Nada grave, cambios de letras, o de “el” por “le”, pero pelones al fin.

En estos casos, pocas veces respeto el orden, creo que nadie lo hace, pero el libro comienza nada menos que con Benedetti y termina con Sergio Ramírez. Yo empecé con Cortázar, no podía ser otro. La señorita Cora.

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Como nota aparte y que nada tiene que ver con el libro -salvo por lo de “white” en ambas cosas, debo decir que el Mc FLurry nuevo de McDonalds, ese que trae pedacitos de chocolate blanco de Chocolates El Rey, es de lo peor que he probado últimamente.

Ciertamente, como poco dulce, pero hoy caí en mi propia trampa: una cuña de radio! No precisamente la de Pedro Penzini que hace que a uno no le provoque nada de lo que dice, sino reírse de su ridícula forma de pronunciar. Fue Erika de la Vega, quien hizo la publicidad como saboreándose, no sé. La cosa es que me fui de boca derechito pa McDonalds a comprar el heladito. Y apesta con ganas.

Tenía fe en él, sobre todo porque yo soy consumidora oficial de Chocolates El Rey, de los que vienen sin azúcar, riquísimos, y de los cuales gocé de provisiones semanales cuando trabajaba en el Hilton, gracias a mis amigos-huéspedes directivos de los chocolates. Eran como Willy Wonka para mí, cada vez llegaban a mi escritorio con un paquetico. Nada más lejos de la realidad con el Mc Flurry.

La gente se burla de mí cuando yo digo que ciertas comidas no pegan, pero nadie me hace cambiar de opinión jamás, y el helado empalagoso de McDonalds no pega por nada del mundo con esos trocitos de chocolate blanco. Son como pegajosos, pero porque se pegan en los dientes, no porque peguen con el sirop cansón del helado. Debí haber escuchado a Penzini decir con su tonito “me encanta” y me hubiera reído bastante, en vez de perder ese Cesta ticket.

mayo 27, 2008 Posted by | De letras, Manías | , , , , , | 7 comentarios

Amaxofobia

Ya saben que no manejo. Me da el mismo pánico de hace 8 meses cuando compré mi carro y les eché el cuento aquí.

Hoy Cuchi me dijo que leyó en una revista que eso tiene nombre científico y se llama “amaxofobia”, definido como “miedo a conducir, resultado de un proceso en el que la persona percibe el tráfico como una amenaza, siente a los demás conductores como peligrosos y se siente incapaz de afrontar el reto de conducir”. Ese cuento no me lo sabía.

La verdad es que leer esta explicación da risa – a mi y a los que me conocen- porque saben que yo a lo que más le tengo miedo en la vida es a los perros. Hacer las cosas no me da miedo, pues, las hago y ya. Pero no manejar.

Dicen que “amaxo” significa “carruaje” y fobia, bueno, ya saben. Y que el 33% de los españoles la padecen. Son los datos generales que se encuentran en internet, y además, hay una página web y todo: www.amaxofobia.com, la cual tiene hasta una guía de autoayuda y un tratamiento psicológico, que por supuesto, no leí…ni leeré.

Sé que hay quienes piensan que como tengo choferes, lo mío es más bien una posición muy cómoda de “llévame, tráeme”. Claro, algo de eso hay…es demasiado fino que me lleven a todas partes. Pero lo del miedo es en serio, me aterran los demás carros, por eso es que mis únicas jornadas de manejo han sido días como el 1ro de enero en las calles sanfelipeñas, por ejemplo.

Sé que tengo que aprender, lo que no sé es cuándo. Ir y venir cuando quiera, aparte de ser una necesidad, pues. Lo séeeee. Cada vez que tengo que ir o venir de San Felipe más tarde o más temprano, de acuerdo con los decretos de mis colas, me lo reclamo. Además, no dejo de pensar que si tanto tarado maneja, yo no puedo hacerlo? Pero a la vez pienso que bueno, no todos tenemos las mismas habilidades y ésta, la verdad, no la siento como tal.

Y como todo lo que no puedo hacer mientras estoy trabajando, lo dejo para las vacaciones, vamos a ver si este agosto se me hace lo suficientemente largo como para disponerme a superar mi amaxofobia. Pero no prometo nada. Sin prisa.

mayo 20, 2008 Posted by | Manías | | 6 comentarios

¿Tiene un disco nuevo?

Fui a comprarle un regalo a mi mamá por el día de las madres, como casi todo el mundo, creo…

El año pasado le regalé una entrada para ir a ver a Luis Miguel, ya lo conté aquí…y creo que será un regalo muy difícil de superar. Sin embargo, por la misma onda, decidí regalarle este año el disquito nuevo del mismo personaje, que a pesar de ser igualito a los demás –como dice Chataing- nunca deja mal a nadie frente a una big fan de Luismi, como es el caso de Gisela (arriba en la foto).

Yo que no soy fanática del ser, había escuchado ya varias veces que justo la semana antes del día de las madres iban a lanzar Cómplices…muy estratégicamente. Lo que quiero contar es ese episodio impelable que no deja de ocurrirme en ninguna ocasión, sea restaurante, farmacia, librería, despacho público o whaterver, siempre, siempre me atiende alguien que: o lo hace mal, o no tiene ni la menor idea de lo que pasa en su contexto laboral.

El último fue el que me ocurrió esta vez. Iba a ir a la tienda Town Records que está en Las Trinitarias una noche que dejé a Feli en la universidad, que está al lado. Pero como la cosa era rápido, entrar y salir, me dio mucha ladilla calarme el estacionamiento y todo el protocolo que implica ir al centro comercial rey de Barquisimeto. Entonces pensamos que era mejor ir a Coco Music, en otro centro comercial mucho más modesto, sin gentío, ni colas y donde sí se puede entrar y salir.

Coco Music es la mejor discotienda de Barquisimeto. Se ha ganado esa fama por años, al principio por vender discos de jazz y cosas muy exclusivas, y luego por mantenerse en el tiempo, teniendo siempre buenas alternativas. Hace años, yo hice varios encargos que me cumplieron (aunque era más fiel a una que quedaba en el Río Lama y a Rocket Cd Music). Ajá, pero como no todo puede ser perfecto y yo soy un imán para este tipo de situaciones, entré a la discotienda, así rapidito como yo quería, y ocurrió esto después del buenas noches, a la orden y tal:

Anairene: ¿Ya tienes el disco nuevo de Luis Miguel?

Vendedora: …………largo silencio y cara de que le hablé en chino……¿Luis Miguel tiene un disco nuevo???

:O ·$%&^[]!@>}Ç

Como dicen en la casa de mi querida Nerd: “No me digas esa vaina!” ….Trabaja en una tienda de discos y no ha escuchado nunca que éste que vende más que un buhonero antes del día de las madres -y que le gusta a casi todas las mamás- tiene un disco nuevo???

Anairene: Sí, tiene uno, acaba de salir

Vendedora: Vamos a revisar en la computadora si lo tengo registrado.

TIC TAC TIC TAC….

Vendedora: ¿Es uno en vivo? Ese es el que tengo aquí.

Anairene: Ok, gracias.

La cosa no es que no hayan tenido el disco, sino lo imperdonable que es, que si vendes discos no manejes una información como ésta. Y tampoco tiene que ver con lo exclusivos que son, porque también tienen sus disquitos malos y peores que Luis Miguel, que aunque pangola para algunos, mantiene cierta categoría en su género. No es del perraje, pues. Quizás la dueña, lo sabía, pero la niña que me atendió, rodó. Yo sé que me paso de exagerada y amotinada y todo eso, pero no puedo con la gente, ni con los servicios, ni con la actitud tan poco interesada de hacer bien las cosas. “Epa, no lo tengo, pero al menos voy a averiguar”, no sé! Sí…soy insoportable, pero X, me encanta quejarme en mi blog.

Crucé la calle y fui a Town Records del C.C. Paseo. Ahí ni tuve que preguntar, tenían al man en un estante fuuuuuuull de discos recién llegados en toda la puerta, como debe ser en una tienda de ese ramo. Lo agarré, lo pagué y hoy mismo me lo empecé a calar jaja.

Feliz día de las madres.

[Update: Antes de que me lo pregunten, como ha ocurrido antes…obvio que no hago el escándalo con el fin de que boten a la señorita en cuestión, ni mucho menos. Además, ni que este blog fuera leído como El Impulso… pero aclaro que son puras ganas de quejarme de la lentitud y el servicio, como es mi costumbre. Quizás para despabilar, no more. Y no, no han botado a nadie de Wendy’s!!]

mayo 12, 2008 Posted by | Crónicas Amotinating, La gente es así, Manías | , , , | 22 comentarios

Súplica post deporte

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Estoy en Mérida, trabajando en los Juvines, visitando a diario el Complejo 5 Águilas Blancas, en competencias de diversas disciplinas deportivas. Y este viaje me recordó por qué jamás en la vida me ha gustado el deporte. Ni verlo, ni seguirlo, y muchísimo menos practicarlo. 

¿Se acuerdan los que me conocen que siempre metía reposos para no hacer Educación Física, que era lo más cerca, por obligación, que estuve del deporte? Hasta que ciertamente, tuve un problema en una rodilla, que más que aquejarme fue mi pasaporte eterno para no volver a hacer educación física más nunca en mi vida. Sinovitis se llama, y crónica además…y me duele de vez en cuando. 

Bueno, antes de empezar a quejarme, debo reconocer que la gente de deporte de la UNEY se ha portado extraordinariamente conmigo, considerando que soy una maniática patológica, algunos tomaron ciertas precauciones. Y después de todo, la pasamos muy bien en la convivencia. 

Pero esto del deporte, la verdad es que no va conmigo, y no me refiero a la cobertura de eventos en los que no entiendo nada, más bien, en ese sentido, aprendí bastante y ahora tengo un lenguaje técnico irreconocible en mí. Los entrenadores fueron muy amables conmigo, explicándome sus jergas e induciéndome en aquello. Es parte del trabajo y de verdad, me lo he tripeado mucho.  Pero lo que voy a decir, es una visión general, pues, nada en particular con alguno.  

Pese a la solidaridad y camaradería que se ve en ese medio, el apoyo que se brindan entre ellos, el esfuerzo, el espíritu de competencia y todas esas cosas positivas y saludables que todos sabemos –aunque sea por teoría- que trae el deporte,  Dios mío te pido por favor, que ningún hijo mío sea deportista….que sea músico, poeta y loco, bohemio, intelectual, hippie (pero no vago), o cualquiera de esas cosas locas que siempre le han gustado a su mamá. 

No me agradan esas competencias eternas, ni los ambientes, y aunque suene superficial y a comentarios que casi nunca hago, no me gusta el sudor, ni los aspectos de los deportistas. Suena discriminatorio, lo sé, pero espero que mis hijos aprendan nadar a juro, como hice yo, sólo para no morir ahogada, y ya. Que jamás pase por sus mentes practicar voleibol, tae kwondo, judo y mucho menos lucha! ¿Ustedes han visto un deporte más espantoso que la lucha? Y pa rematar los muchachitos después de pasar hambre para mantener el peso en que se inscribieron, todo el tiempo quedan lesionados, fracturados y oliendo a mono.  Y NI HABLAR cuando son mujeres. En la vida pasan muchas cosas y quedan demasiadas por hacer, para estar recibiendo golpes y fracturas de gratis….No, no, no podría con eso….y espero que la lengua no sea castigo del cuerpo. También sé que los niñitos se ven my beios con sus uniformes de fútbol, béisbol o kárate y eso les crea disciplina, pero  ¿podría ser ajedrez, tal vez? 

Creo que desde acá, entiendo perfectamente a la gente que yo llamo “convencional” que cree que uno es raro, por no ser un borrego de los patrones sociales y las cosas comunes. Así como yo veo a los atletas, han de verme ellos a mí. Yo sé que este país necesita más Galarragas y deportistas de renombre para darnos las buenas noticias que solemos tener gracias a ellos, pero yo los sabré admirar de lejos, como siempre. Y que me disculpen mis amigos del deporte-que son muy pocos, la verdad- 

Te lo pedimos, Señor…

 

octubre 20, 2007 Posted by | Gajes del oficio, La gente es así, Manías | 14 comentarios

Esas tarjetiiicas…

Las tarjetas de invitación siempre me han parecido ridículas, sobre todo las de graduación y las de matrimonios. Pero las de graduación, son un tema aparte del cual debí haber escrito cuando me gradué y por supuesto, jamás se me ocurrió hacer una tarjeta de “participación” (como si a alguien pudiera importarle en realidad) de que había culminado la carrera, agradeciéndole con lugares comunes a los que “me acompañaron en este largo camino”. Si la gente supiera lo que me río leyendo esas tarjetas, a mi casa no mandarían una más nunca.

El asunto esta vez son las tarjetas de boda, a propósito de que me han invitado a más bodas este año de las que he ido en mi vida, y he estado haciendo una comparación entre ellas. Eso sí, independientemente de que mis panas que se casaron o están por casarse, sean mis amigos de toda la vida, los quiera mucho o me caigan muy bien. Eso no tiene nada que ver con mi concepción de la tarjeta, ni de la boda en general. Lo digo, porque como los que me conocen saben, no hay nada que se me haga más cursi e inútil que un vestido de novia: metros de tela blanca que más caro o más barato, siempre termina pareciendo el bañado de una torta. Nunca he podido entender cómo esa puede la máxima ilusión de una mujer normal… o anormal, según el caso.

Entonces, como parte del showcito de la boda, están las tarjetas de invitación, que por si mismas tienen su propio show impreso:

Primero: vienen como en tres sobres, con un sello que tiene las iniciales de los protagonistas, que ya de por sí es como un recuerdo que hay despegar con cuidado. Sales de ese sello y del primer sobre, y viene el segundo que guarda en lo más profundo, el texto del acontecimiento. Ese es un modelo estándar, puede ser más sencilla con menos sobres o más extravagante hasta con tul, cintas o pedazos de perla incluidos.

Segundo: las primeras líneas del texto: Cosas como Juan Francisco Pereira del Rosal y Carmen Alicia Maldonado de Pereira del Rosal (en una esquina), y por la otra, una pareja similar, tienen el inmenso placer de invitarles a la boda de sus hijos: Rubén Darío y Natalia Estefanía. Qué cosa tan fea, no? El empeño de ponerse los nombres completicos para dárselas de aristocráticos, como un pique entre los padres del novio con los de la novia pa ver cuáles tienen los apellidos más largos, como si eso fuera a hacer la boda más elegante.

Tercero: La fiesta es el Hilton o en Villa Bombín, porque en Barquisimeto la gente no se casa en otro lugar. Y rematan con “traje formal”, supongo que con el temor que algún primo mala conducta se les aparezca en chancletas por los ascensores del Hilton.

Ni hablar de la tarjetita adicional, que ya en el año 2007 es vomitiva por demás: “El mejor regalo es su presencia, pero si algo nos quiere obsequiar, en efectivo lo sabremos apreciar”. Noooooooo. No puedo con la gente que tiene tan mal gusto. Estamos claros que entre más pasan los años, más aumenta la pelazón, pero Dios, cuándo vamos a ser civilizados y dejar esas costumbres tan primitivas? Claro, como aquí la gente es tan ocurrente, entonces optaron poner aquel escrito de Aquiles Nazoa de lo inútil de los regalos, que al principio daba risa, pero ya causa el mismo efecto de la otra cartilla. O también, se van hacia lo minimalista, eliminan las palabras del martilleo y en las tarjeticas sólo ponen: $$$$$$$$$. Pero quienes no pierden esa mala costumbre, deberán escribir a partir del año que viene: BsF, BsF, BsF…

Hablando de eso, tengo una anécdota digna de ser leída en un blog: Se trataba de un cumpleaños infantil, y en la invitación venía la tarjetica extra, con la misma muela de la presencia y bla bla bla, rematando con la frase: “si algo me quieres regalar, en efectivo mis padres lo sabrán administrar”. :O:O:O ¿Los padres pueden ser tan lambucios y evitar que a su hijito le regalen los muñecos de Backyardigans o Elmo, o algún engendro de esos que los divierta, por martillar como hicieron en la boda? ¡Se pasan!

En fin, las tarjetas, ridículas y todo son un vacilón, y son como “chuleteadas”, justamente, porque la gente está acostumbrada a seguir patrones absurdos para ser felices, como casarse disfrazada de torta con la marcha nupcial, hacer hora loca porque sino: “esa fiesta si estuvo mala”, y claro, hacer tarjetas así. ¿Han oído la conversa de una novia estresada meses antes de su boda, verdad? (Sin contar la tradición de que la familia de la novia paga todo –de lo que te salvaste, Feli!-) “El anillo, el ramo, la cola, el velo y la corona, los centros de mesa”. Una plana en la que no puede faltar nada, y que completan un montón de inutilidades, que además de feas, son carísimas.

Yo, de verdad nunca he podido entenderlo, pero para los demás, la rara soy yo. Un tema mucho más extenso, con sus cuantas bifurcaciones. Ahora, una cosa si es cierta, aunque a la mayoría de los matrimonios que me invitan no voy, a los de este año, estoy yendo con obediencia, y estos días tengo un maratón: uno este sábado , y otro el próximo viernes . Un récord.

Iré para felicitar a mis amiguitos, el faranduleo, la cosa, y para repetirme lo que desde niña me dicho cada vez que voy a una boda: “no me voy a casar así, no me voy a casar así”. Salvo por una sola cosa, debo decir: los tequeños!

septiembre 25, 2007 Posted by | La gente es así, Manías | 34 comentarios

Terror Loganístico

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¡Finalmente me entregaron mi carrito!!!!…y yo creía que esta frase no la iba a decir nunca. Pero también creía que este post iba a ser el más feliz y emocionado de mi historia bloguera, pero no, estoy total y completamente en shock.

Por alguna razón me quedé petrificada cuando me lo entregaron, pero en serio, sin habla, y sin moverme. Feli me lo sacó de la agencia, valga decir que en Caracas, Altamira, pleno tráfico. Allí tuvo que demostrar sus habilidades de conductor luego de tener más de un año sin manejar –desde que le robaron el carro- y de paso, como el dijo, “redebutar” en la ciudad más caótica del país con sincrónico! Pues yo iba en el asiento de ATRÁS sin tocar ni un botoncito, enteramente paralizada. Ahora, imagínense mi terror al visualizarme frente al volante. NOOOOOOOOOOOOO. Me da pánico.

Yo cometí el gran error de no aprender a manejar adolescente (y eso ha retrasado mi emoción), como hace todo el mundo, por salío, por ganas de robarse el carro de los padres y agarrar pa algún sitio. Yo, cómoda como siempre, esperaba que me llevaran a todas partes y lo fui posponiendo hasta estar como ahora: sin el menor tiempo libre con mi horario, la viajadera, mis deberes de fin semana. O sea, ya que tengo el carro, pues no tengo tiempo de aprender, aunque suene exagerado. Pero es así.

Mi corta experiencia de menos de un mes manejando la he tenido gracias a mis amigas La Nerd y Tibi, quienes cada una en su carro, cada una con su estilo me enseñaron las cositas básicas y me pusieron a dar unas vueltas por El Pedregal. Pero los que me conocen, saben que yo soy muy académica para todo, que a mi me encanta una clase, un profesor que me diga el por qué y el para qué, y aunque no me puedo quejar de mis dos maestras empíricas, me hace falta como un salón de clase. Autoescuela, pues. Pero entre una y otra cosa durante estas ajetreadas vacaciones, no pude conseguir cupo. ¿Hay tanta gente que no sabe manejar?

Son muchos los temas que me dan terror: primero, el ocuparse de tantas cosas a la vez: croche, freno, acelerador, velocidades, volante, retrovisores, que ya es decir bastante. Y encima, el montón de carros que vienen por todos lados –los que van volando, los que se atraviesan, los que se te pegan atrás, los que se comen el semáforo, los que no tienen luces, entre otros-, las subidas donde el carro se va pa’tras, las calles angostas, las que nunca terminan de reparar en Barquisimeto. AUXILIOOOOOOOOOOOOOO.

Sé que quienes saben manejar se están torciendo de la risa burlándose de mi, pero yo lo veo como una de las cosas más difíciles que he tenido que aprender en mi vida. Considerando que a mi casi nada me parece difícil, y no es que me la esté dando de sabionda, pero todos los desafíos los asumo y ya, los hago, y por lo general, bien. Entonces, yo, igual que Latinoamérica, no estoy lista para tanto sabor.

La Nerd me decía que lo más difícil es comprar el carro, y que ahora que lo tengo, no me queda más que manejar, y que si toda la vida había pasado las materias “con mil”, más fácil es conducir un carro. No lo creo. Prefiero estudiar 20 veces en la universidad! Durga por su parte, me animó con el hecho de que ella aprendió con 7 meses de embarazo: ese es un reto heavy. Y así, cada quien me cuenta su anécdota de espanto, de las típicas apagadas de carro, y del auxilio que le pidieron al que venía atrás para que les pasara una subida.

Por ahora, lo maneja sólo Feli porque mi mamá siempre ha manejado automático y aún no se ha atrevido, lo que le echa más leña al fuego de mi terror, porque mi mamá se estresa por todo cuando va de pasajero (y dirige, se asusta, etc), así que espero que pronto lo manipule. Así como también espero tener a Nelson de chofer, mientras voy a prendiendo.

Lo cierto es que con mi carrito nuevo, que debo decir: es demasiado bello, sigo en las mismas condiciones, un poco mejoradas, pero siempre esperando que me lleven y me vayan a buscar.

Eso si, en estos dos días, las costumbres empiezan a sentir el cambio: no tener que esperar ni estresarme si el señor del transporte no llega, ni esperar el ruta en la parada, y algo que es casi anormal para mi: poder escuchar en el carro una canción que me guste. Esto, porque la mayoría de los rokceros o gente con mis gustos musicales no tiene carro, además de que mis amigas siempre tienen cds de Alejandro Sanz y Sin banderas en su carro, y no hablemos de los gustos de los taxistas.

Andrés me dijo que sabía que al leer mis posts luego de tener carro, las ronchas de peatona y la gente que me da la cola, iban a ser cambiadas por los huecos y los tarados que manejan en la calle. Seguro será así, pero primero debo superar el pavor que me dan el volante, las velocidades, y los demás carros en la vía.

Tan pasmada me quedé que no le he tomado ni una fotico al carrito. Y eso que me llevé la cámara al concesionario, pero el shock fue mayor que cualquier imagen para el recuerdo. Es un Renault Logan gris bellísimo (como el de la foto arriba), y no me vengan con el tema de todos los insoportables que me han dicho “los repuestos te van a salir carísimos”, como si algún repuesto hoy en día fuera barato.

Así que después de reunir cada bolívar después mi liquidación en el Hilton, las colaboraciones de mi familia y la novena a San Judas Tadeo que me regaló Estrellita, por ser el santo de los casos difíciles, heme aquí con mi carrito, de pasajera. Feliz, pero aterrorizada!

Espero pasear pronto a mis amiguitos, sobre todo a los que sé que pasan tanta roncha para moverse…eso sí, si alguna vez me negaron una cola, se fregaron porque tengo una lista con todos y cada uno de los nombres de quienes lo han hecho, y el lugar donde me dejaron botada jojojojo.

septiembre 10, 2007 Posted by | Cuentos de camino, Manías | 25 comentarios

Después de la playa

Cuando me fui a Mérida ya había relatado lo cómoda que soy para ir de vacaciones. Y en ocasiones anteriores, en mi finado blog, conté las razones por las que no me gusta ir a la playa. No se trata de que no me guste la playa, porque me encanta, lo que no me gusta es la roncha que está implícita en todos los viajes al mar. Y eso que yo jamás he ido- ni iré- a quedarme en carpa en la orilla, en la intemperie, frente a la posibilidad de que llueva, con plaga, sin un baño, ni una cama. Totalmente inconcebible para mi.

Tampoco me entusiasma mucho la idea de llegar a una casa que hay que limpiar y acomodar al llegar y al salir, y de paso, según el tamaño del grupo, hacer un comidón, para lo que hay que cargar un perolero. A mi se hace todo eso una ladilla, sumado al ya inevitable fastidio que trae consigo la arena hasta por dentro de los oídos, y de paso la piquiña o el ardor que le deja a uno el sol, después de perseguirlo durante todo el viaje. Son como muchas cosa, diría yo.

Es por eso que cuando mi mamá insistió en ir a la playa, nos sentamos frente al computador a buscar hoteles cómodos a donde ir. Aunque no escogimos el Coral Suites, nuestra elección en Chichiriviche no estuvo nada mal: posada con piscina, restaurante, cerquita del embarcadero, planta eléctrica, agua caliente, aire acondicionado y tv en las habitaciones. Es lo que se dice bueno, bonito y barato.

Por ahí estuvo todo muy bien, alojamiento listo. Lo que me pareció insólito de este viaje, a pesar de que yo estuve en Chichiriviche el año pasado, es lo extremadamente pueblo que sigue siendo ese sitio. Y adivinen qué? A mi me CHOCAN los pueblos que no tiene nada.

Pero el problema no es solamente que a mi me choque –cosa normal- sino que es uno de los destinos turísticos más visitados en este país, no sólo por gente de acá, sino por un montón de extranjeros que pendientes de bañarse en beias playas, se echan el cayo hasta Falcón, para conseguir su objetivo, pero dentro de la tierra del nunca jamás.

En cuanto al lugar, primero las calles. ¿Nunca ha habido alcalde en Chichiriviche? Porque aunque a mi me encante echarle la culpa de todo al gobierno bolivariano, desde que yo tengo memoria, la calles allá nunca han servido para nada: huecos en todas partes, y no como los de Barquisimeto, sino zanjas enormes que abarcan la mitad de la calle, y en consecuencia, unos fucking charcos en absolutamente todas las cuadras, que no dejan caminar a nadie tranquilamente. Luego, inexplicablemente, la mayoría de las calles no están asfaltadas, entonces, con el agua de los charcos, siempre hay que andar por un barrial inmenso. Lo único asfaltado de principio a fin, es la avenida principal por donde están las tienditas y eso. ¿Puede tener alguna explicación sensata que un sitio turístico como éste, se encuentre en esas condiciones?

Luego, los servicios, malos, como en casi todo el país. Comenzando por los taxis, tema en el que yo soy experta. No hay una sola línea de taxis en todo el bendito pueblo, pese a la cantidad de hoteles y gente que anda a pie. Cuando nosotros preguntamos por “algún taxi”, en el hotel nos dijeron que no llamaban a nadie porque todos eran incumplidos y que además, eso “aquí no se usa”. Queeeeeee!. Yo pensé que eran caprichos de la señora de la posada que no quería que la ladillaramos por taxis todas las noches, y estaba amotinada, por supuesto, porque ese chip que me metieron en el Hilton cuando trabajé allá, de que al cliente hay que conseguirle todo lo que pida, no se lo han metido a ninguno de los que me prestan servicios a mi.

Pero cuando nos fuimos a la calle, nos dimos cuenta de que en realidad es así. Comimos en el malecón (lo único que tiene vida en aquel lugar), y allá nos dijeron que “taxis hasta allá no llegan, hay que buscarlos”. Y en efecto, los taxis no andan rodando por ahí a ver si hay algún pasajero necesitando sus servicios. De hecho, cuando vimos pasar un par de ellos por la avenida como una aparición, les sacamos la mano con la señal de costumbre, y no se detuvieron, salvo el segundo, que se regresó, como dudando de lo que significaba aquel llamado. Así, dimos con la “parada” donde ellos se agrupan a esperar que la gente los busque, y no ellos a la gente, como es lo usual en todas las ciudades normales del mundo. Y allí el taxista nos dijo que ellos esperaban a los clientes, porque allá la gente no usa mucho taxi. Costumbres, digamos. Estamos claros que allá todo es cerca, pero tampoco para ir todos los días a todas partes a pie, y menos si se hace de noche, cuando caminar a cualquier hora en este país es inseguro, sobre todo por esas calles que obviamente, no están iluminadas.

Por otro lado, esos mismos taxistas que logramos encontrar, no sabían nada de lo que les preguntábamos. Mi mamá, que estaba loca por ir a un bingo, les preguntaba sobre los que hay en Isla del Sol y en Flamingo, y nos decían o que allá no había bingo, o que no abrían todos los días, o directamente, que el taxista estaba muy cansado para ir hasta allá.

Por eso es que entre otras cosas, yo duré años sin ir a la playa, salvo las de Margarita. Porque vas allá y sabes que vas a tener, no sólo playas bellísimas, sino una metrópoli entera (al menos en servicios, porque Margarita también tiene sus latitudes pueblerinas), y que trabajo no vas a pasar. Pero como me dijo Alfredo Izaguirre, como no tengo sueldo de ministro, no puedo ir a cada rato, aunque tengo la suerte de ir a menudo gracias a nuestro resort.

Sin embargo, no todo es tan malo. Mientras el 90% de la población no se mete en la cabeza el provecho que le pueden sacar a todo en lugares turísticos, hay un escaso 10% que al menos hace algo. Frente a la posada, había una bodega, tal cual, con un señor que se las sabía todas y nos conseguía lo que necesitábamos. Primero, tenía de todo, era como un Farmatodo, estilo pulpería. Negoció con Feli y Nelson, venderles tantas cervezas para llevar a la playa, les prestó la cava por los días que estuvimos allá, hacía destapadores y tenía respuestas para cada pregunta. Hasta alquilaba habitaciones arriba del negocio. Ese sí es un visionario. Otro punto a favor son los lancheros que nos llevaron a los cayos. Todos amables y súper puntuales, pendientes del buen funcionamiento de su negocio. Les dan tres patadas a los taxistas de Barquisimeto. Además, las lanchas están como repotenciadas y se ven nuevecitas, no como en años anteriores cuando ya no podían con el deterioro.

 

Anyway, la playa estuvo muy rica. Los cayos cercanos a Chichiriviche siempre son un buen lugar de relax, parte de ese paraíso que nos queda en Venezuela, y que supongo, será la razón porque la que a pesar del pésimo contexto, volvemos una y otra vez.

 

Las fotos, aquí

septiembre 2, 2007 Posted by | Cuentos de camino, La gente es así, Manías | 13 comentarios