Edelweiss’s Voice

El sonido de mis letras

Buscando mi consejo comunal…

Con el tema de la renovación del certificado de Productor Nacional Independiente, tuve que pasar de nuevo por la ladillita de pedir la carta de residencia, que es lo más engorroso de todo el trámite.

Antes lo era porque había que ir a la prefectura, no un día cualquiera, sino uno que combinara con el terminal de tu número de cédula, y madrugar porque sólo entregaban 40 números y pobre de uno si quedaba de 41. Una venezolanada habitual.

Pero esas venezolanadas, ciertamente características de la 4ta república se hundieron en el lodo cuando las costumbres de la 5ta nos arropan sin darnos cuenta. O sin que queramos darnos cuenta.

La carta de residencia hoy en día es otorgada, como sabrán los que la han necesitado últimamente, sólo por los Consejos Comunales, que al ser en tu vecindario, te la deberían poner más fácil, siendo vecinos al fin.

Los primeros días de enero descubrí que en Barquisimeto hay más consejos comunales que familias. Es así como en  una misma cuadra puede haber no uno, sino dos, tres, cuatro consejos comunales.

Ya me habían dado la referencia de uno, donde no nos habían atendido muy bien, dejándonos claro que “ahorita no estamos haciendo eso”, y de paso un vecino le había agregado el detalle de que te atendían con diferencias dependiendo de si eres “de Henri o de Amalia”. Y yo que no soy “de” ninguno de esos dos disfraces, estoy como frita entonces. Sin embargo, fue sólo un rumor. 

Visitamos 4 consejos comunales en una misma cuadra y en ninguno me daban respuesta de la carta porque yo vivo en la calle 54 y ellos estaban entre 57 y 58. Sin embargo, una que sabía cómo se mueve la cosa, nos dijo que si después de mucho preguntar no la obteníamos, ella me la hacía.

Llegamos a un consejo que después de tanto nadar pa morir en la orilla, está justo en la esquina de mi casa, en una quinta que he visto toda mi vida y sin ni siquiera saber quiénes viven ahí. Era lógico que me enviaran finalmente para que ese señor, pues a unos metricos de mi casa, estaba mandando en mis dominios. Pero adivinen qué? La casa del señor está en la acera del lado derecho y el edificio donde yo vivo está en la acera del lado izquierdo, y así sea diagonal, a unos escasos metros, eso fue suficiente para que me rebotaran una  vez más. Según él, la señora Fulana de tal, que tiene un vivero en la misma calle, a unas cuadras más lejos pero eso sí, del mismo lado de la acera, debía ser la encargada de darme la carta.

Jamás encontré el vivero, así que amotinada ya, nos fuimos para que la única señora que nos había dado esperanzas. Ella me recibió los papeles y me prometió la carta para la tarde siguiente, pero con la observación de que no la iba a pasar buscando ahí, sino en una casa que queda un “poquito más adelante”, porque la señora que en realidad hace las cartas es otra, y ella es la que tiene el sello. Oootro consejo comunal, pues.

Y vale decir que cuando digo consejo comunal me refiero a las casas con sus porches, donde los directivos del “organismo” están en bata, shores, chancletas, viendo la gente y los carros que pasan por en frente. ¿Por eso reciben recursos? Cuidado les sale una hernia, pana. El poder lo tiene el pueblo, sí señor.

Al día siguiente fui a la casita señalada. A esa hora precisamente, la señora había mandado a sacar las copias del formato de la carta justo en la esquina de mi casa –again-, y como yo nunca puedo esperar ni 5 minutos, me disparé a buscar los formatos en la fotocopiadora. Cuando volví, la señora me pidió que llenara yo misma la carta, porque ella se equivoca mucho y total, la que manejaba la información era yo y lo importante es que ella misma la firme y la selle. Así que YO hice mi carta de residencia, ELLA la firmó y selló, y todos felices. Ya renové mi PNI.

 Y una vez más queda claro porque algunos cantan con entusiasmo: “así, así, así es que se gobierna”.

febrero 8, 2010 Posted by | Crónicas Amotinating, La gente es así | 7 comentarios