Edelweiss’s Voice

El sonido de mis letras

“En memoria de Tomás Eloy Martínez”

Además de la pluma, el nuevo periodismo y los premios de Tomás Eloy Martínez, a mi lo primero que se me viene a la mente al oírlo-leerlo, es la muerte, a partir de ese hermoso texto que le escribió  a su difunta esposa, Susana Rotker, que Feli me presentó. Y justo por la muerte, hoy (31 de enero) fue el día en que se volvió a juntar con ella.

Su propio texto es mi homenaje a Tomás Eloy Martínez. Tamaña historia de amor y admiración. Que toda periodista quisiera. Que toda esposa quisiera.

Es largo y vale la pena llorarlo.

“En memoria de Susana Rotker”

Por Tomás Eloy Martínez. Para La Nación

Hacia las cuatro de la tarde, el 27 de noviembre pasado, Susana Rotker y yo nos sentamos en su escritorio a discutir algunas de las ideas que ella acababa de agregar a su ensayo “Ciudades escritas por la violencia”. Hacíamos lo mismo desde 1979, cuando nos conocimos. Cada vez que alguno de los dos necesitaba sentir la resonancia de sus ideas en otro ser, nos leíamos en alta voz, con cierto aire de desafío y también con la esperanza de que el otro asintiera y dijera: “Sí, qué bien, cómo me habría gustado escribir eso”. No sé cuántas veces le repetí la frase aquella tarde. Había -hay- reflexiones notables en ese ensayo que estudia el miedo y la impune violencia de las ciudades como fenómenos que crecen y alcanzan a todos. “Es el reino de la fatalidad -escribía Susana hacia la mitad del texto-: no se acusa a nadie y al mismo tiempo se acusa a la sociedad entera.” Su inteligencia era como una luz: se movía en todas direcciones, con una intensidad que jamás declinaba, y era maravilloso tocar esa luz, porque desprendía calor, y felicidad, y fuerza: pocas luces podían llegar tan hondo con tan pocas palabras. El lenguaje no sirve para expresar las sensaciones de miedo, decía Susana. El miedo es tan inexpresable como el dolor. Oí esa misma frase infinitas veces, durante los infinitos días que siguieron.

“No viene nadie”

Algunos profesores de la Universidad de Rutgers -donde ambos trabajábamos- nos habían invitado a ir aquella tarde del 27 de noviembre a un encuentro profesional en Piscataway, cinco kilómetros al oeste de donde vivíamos. Ninguno de los dos tenía ganas de hacerlo. Yo estaba por terminar otro capítulo de una novela en la que ya llevo muchos meses de retraso y al día siguiente debía viajar a México para participar del Foro Iberoamericano organizado por Vicente Fox, Carlos Fuentes y el empresario argentino Ricardo Esteves. Susana, a su vez, tenía que corregir la versión en inglés de su libro Cautivas , revisar los trabajos de tres estudiantes cuyas tesis doctorales estaba dirigiendo y decidir cuándo y con quiénes haría la primera conferencia del Centro de Estudios Hemisféricos, la institución ambiciosa que había fundado en Guadalajara, México, para que los creadores e investigadores del continente pudieran terminar sus obras sin apremios ni distracciones.

Al final fuimos, por inercia. El estacionamiento de la casa estaba lleno y debimos dejar nuestro automóvil enfrente, al otro lado de una calle de doble circulación en la que los accidentes rutinarios -deslizamientos en el hielo, choques sin consecuencia- se cuentan por los dedos de las manos. Oímos un par de discursos y a eso de las siete y media, luego de cambiar miradas cómplices desde lejos, empezamos a despedirnos. La oí decir: “No hay tiempo. ¡Tengo tanto trabajo por hacer!” Salimos, tomados de la mano. Hacía frío. La noche era espesa, húmeda, y la raya temblorosa de un avión atravesaba el cielo. “No viene nadie -dijo Susana-. ¿Qué te parece? ¿Cruzamos ahora la calle?” La conocí en 1979 -ya lo he dicho-, cuando organizaba la redacción de El Diario de Caracas. Pregunté quién era el mejor crítico de cine de Venezuela, y en todas partes me dijeron, sin vacilación alguna: “Susana Rotker. No te va a ser fácil llevarla a un periódico nuevo”. No lo fue, es verdad. Susana era demasiado joven, tenía un éxito inmenso con la columna que publicaba todos los días en el diario El Nacional , y su belleza cortaba la respiración. Después supe que se creía fea y sin gracia, que dudaba de su talento, que amaba las grandes causas pero no se creía capaz de encabezar ninguna.

Ejercicio de reflexión

Contra lo que suponían los demás, todo desafío nuevo la entusiasmaba. A veces, ciertos faits divers -como llaman los franceses a las crónicas policiales- disparaban su imaginación y escribía sobre ellos crónicas espléndidas, conmovedoras. A uno de esos hechos alude enigmáticamente en el primer capítulo de Cautivas: una mujer quemada viva por un marido fanático e intolerante en Maracaibo. Después, cuando ambos fuimos a Washington y ella completó su doctorado en literatura en la Universidad de Maryland, la densidad y el incendio de su inteligencia crecieron día tras día, de manera casi visible, táctil. A partir de las crónicas norteamericanas de José Martí emprendió un ejercicio de reflexión sobre el nacimiento del escritor profesional y sobre los cruces entre literatura y periodismo que iban más allá de todo lo que se había escrito hasta entonces. Siempre admiré su método de trabajo: rumiaba durante semanas un tema y lo sacaba afuera luego de golpe, en un día o dos. Más de una vez la vi entrar en su escritorio a las tres de la tarde y salir de él a las tres de la mañana con cincuenta páginas impecables, que fluían como el agua.

Yo soy lentísimo, en cambio: rara vez voy más allá de una página o dos por día, con resultados inferiores. Si no la hubiera tenido a mi lado, las tres novelas que publiqué a partir de 1985 no serían lo que son. Ella salvó a mi imaginación de los naufragios en que sucumbe a veces, cuando navego entre la verosimilitud y la exageración, y me dio la ternura que hacía falta para no desfallecer en esa empresa de Sísifo que es la escritura de cualquier novela, valga o no valga la pena. ¿Cómo íbamos a suponer que yo estaría condenado a exponer alguna vez estas triviales intimidades? Todo texto es fatalmente autobiográfico, pero las columnas de prensa no tienen por qué convertirse en un confesonario. Si traiciono esa ley de hierro es porque no me perdonaría jamás seguir adelante sin decir a los cuatro vientos todo lo que le debo. Y, a la vez, yo ya no soy el yo que fui hasta hace pocas semanas. Soy ese yo menos ella, y aún desconozco el vasto significado de todo eso.

Buenos Aires y después

Dejamos la Universidad de Maryland en 1987. Yo quería regresar a la Argentina a cualquier precio, y tal vez nunca me perdone todo lo que ella tuvo que pagar por esa obstinación: padeció tres golpes militares, una hiperinflación de locura, el comienzo de la desocupación y de la inseguridad. En ese clima educamos a nuestra hija, que llegó a Buenos Aires cuando tenía seis meses y se marchó a los cinco años.

A partir de 1991, Susana recibió tantos ofrecimientos para trabajar en los Estados Unidos que me pareció injusto seguir atándola a mi destino. Hice al revés: me uní yo al de ella, y así nos fue mejor. Ambos nos hicimos argentinos y venezolanos y colombianos y brasileños en una tierra de nadie donde se puede ser todo y nada a la vez. En los últimos tiempos, su talento había crecido a ritmo de vértigo sin que ella se diera cuenta de lo lejos que había llegado. Escribía incansablemente sobre la violencia, sobre la pobreza, sobre las idas y vueltas del pensamiento latinoamericano con una intensidad en la que ponía todo el ser. A fines de octubre la invitaron a Harvard. He recibido decenas de cartas de quienes la oyeron. Me dicen que por la firmeza de su posición ética y por la fuerza de gravedad de su inteligencia, todos querían tenerla allí. No sé si habría ido. Ambos éramos felices en Rutgers: ambos éramos cada día un poco más felices, si eso es posible.

Cuando empezamos a cruzar la calle, aquel fatídico 27 de noviembre, sentí que algo la arrancaba de mi mano y me golpeaba a mí en los brazos y las piernas. Desperté sobre la línea amarilla que divide la calzada, desconcertado, entre automóviles que pasaban raudos o se detenían bruscamente. Imaginé que ella estaba al otro lado, a salvo. Luego, oí chirriar unas ruedas, corrí como pude, y descubrí su cuerpo hecho pedazos. La imagen de sus ojos abiertos y de su sonrisa de otro mundo me siguen por todas partes, a todas horas. En el instante en que la vi, sentí que la perdía. Habría dado todo lo que soy y lo que tengo por estar en su lugar. Me habría gustado verla envejecer. Habría querido que ella me viera morir.

febrero 1, 2010 Posted by | De letras | , | 3 comentarios

Montejo

“La poesía es un melodioso ajedrez que jugamos con Dios en solitario”, eso le dijo Eugenio Montejo a Leonardo Padrón como frase de inicio en su entrevista del programa-libro Los Imposibles.

“La entrevista a Montejo fue un verdadero triunfo de la poesía sobre la radio”. Y eso dijo Leonardo Padrón cuando terminó esa edición de Los Imposibles por Onda la Superestación. No siempre se lleva ese tipo de verbo a la radio.

“Hay un poema de un escritor venezolano que empieza: ‘La tierra giró para acercarnos más, giró sobre sí misma y en nosotros hasta juntarnos ¡por fin!  en este sueño.’” Eso dijo Paul (Sean Penn) en la película 21 gramos, refiriéndose a Eugenio Montejo, oportunamente citado por Guillermo Arriaga –quien lo calificó como el mejor poeta vivo del mundo, cuando estaba de este lado- en su guión. Sé de gente que vio esta película solo para escuchar esta cita.

“Nos dejó el inmenso consuelo de su poesía”. Eso me dijo mi jefe, Freddy Castillo Castellanos –abogado y poeta, como él- cuando se enteró ayer en la mañana que Eugenio Montejo había muerto a la media noche.

Yo no conocí a Eugenio Montejo, pero me dijo un montón de cosas con sus poemas que son de mis preferidos, por esa forma tan auténtica e indefectible de expresar el amor –por ejemplo-, sin ser predecible ni repetido. Hoy lo despedimos, mientras él permanece.

junio 7, 2008 Posted by | De letras | , , , , , , , | 6 comentarios

Barry White / Mc Flurry no me encanta

Compré una biblioteca para mi apartamento new. Sé que una biblioteca no es suficiente para hacer realidad el sueño de mi mamá: llevarme todos los libros, revistas y páginas de periódicos, considerando que ella añade a su sueño, los cuadernos que aún conservo, hasta de cuando estudiaba Hotelería en el IUETAEB hace 10 años. Sé que es una exageración, pero hay tantas cosas que me cuesta botar. Y sí, una pila de papeles integra esa lista de cosas…es difícil.

Además, no es que la biblioteca sea tan grande, es de un tamaño aceptable. Tengo unos libros de los que me regalaron en diciembre que han estado dando vueltas en “la otra cama” (nido revuelto de todos los desordenados), buscando puesto. Pero la voy a estrenar con un libro nuevecito que se me atravesó hoy mientras estaba esperando para entrar a una cita con el médico.

Barry White no es el único que sabe de amor es parte de la colección Llámalo amor, si quieres, que no había captado mi atención desde que salió, por la parafernalia, quizás. Pero Feli me leyó una reseña justamente de éste, libro conformado por una antología de cuentos de importantes escritores latinoamericanos, hecha por mi estimado y admirado Roberto Echeto. Ahora de los 10 títulos que conforman la colección, algunos me atraen y otros, en lo absoluto, como todo.

Pero volviendo a éste, Julio Cortázar, Adriano González León, Gabriel García Márquez, Mario Benedetti, Federico Vegas, son sólo algunos de los autores que –tal vez- hemos seguido por sus otras escrituras, y no mucho por sus cuentos. Esta es una sencilla, y baratíiiiiisima forma de acercarse entonces a los cuentos, y vacilarse además, la manera tan cotidiana y nada rebuscada de presentar –como es su costumbre- las diferentes caras del amor, del señor Echeto. Y el pito que toca Barry White en todo esto!

Eso sí, en un solo cuento que he leído he pillado algunos errorcitos tipo los que caza Feli en su blog. Nada grave, cambios de letras, o de “el” por “le”, pero pelones al fin.

En estos casos, pocas veces respeto el orden, creo que nadie lo hace, pero el libro comienza nada menos que con Benedetti y termina con Sergio Ramírez. Yo empecé con Cortázar, no podía ser otro. La señorita Cora.

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Como nota aparte y que nada tiene que ver con el libro -salvo por lo de “white” en ambas cosas, debo decir que el Mc FLurry nuevo de McDonalds, ese que trae pedacitos de chocolate blanco de Chocolates El Rey, es de lo peor que he probado últimamente.

Ciertamente, como poco dulce, pero hoy caí en mi propia trampa: una cuña de radio! No precisamente la de Pedro Penzini que hace que a uno no le provoque nada de lo que dice, sino reírse de su ridícula forma de pronunciar. Fue Erika de la Vega, quien hizo la publicidad como saboreándose, no sé. La cosa es que me fui de boca derechito pa McDonalds a comprar el heladito. Y apesta con ganas.

Tenía fe en él, sobre todo porque yo soy consumidora oficial de Chocolates El Rey, de los que vienen sin azúcar, riquísimos, y de los cuales gocé de provisiones semanales cuando trabajaba en el Hilton, gracias a mis amigos-huéspedes directivos de los chocolates. Eran como Willy Wonka para mí, cada vez llegaban a mi escritorio con un paquetico. Nada más lejos de la realidad con el Mc Flurry.

La gente se burla de mí cuando yo digo que ciertas comidas no pegan, pero nadie me hace cambiar de opinión jamás, y el helado empalagoso de McDonalds no pega por nada del mundo con esos trocitos de chocolate blanco. Son como pegajosos, pero porque se pegan en los dientes, no porque peguen con el sirop cansón del helado. Debí haber escuchado a Penzini decir con su tonito “me encanta” y me hubiera reído bastante, en vez de perder ese Cesta ticket.

mayo 27, 2008 Posted by | De letras, Manías | , , , , , | 7 comentarios

Día de chalequeo guaro

Yo me calo los chalequeos de Rufi cuando se mete conmigo porque soy de Barquisimeto: que me diga warita y se burle de mis “waridades”, que todo lo que hago le parece provinciano y folklórico, que cuando me ve me dice que tengo lentes y falda de gente del interior, y demás observaciones que se han convertido en nuestro diálogo y entretenimiento diario por casi 10 años. (si eres viejo, Rufi)

 

Pero que Luis Alberto Crespo me chalequee por la misma situación, es demasiado, no? Lo es si uno tiene en la cabeza la figura del hombre poeta de grandes frases, y es más cómico aún, cuando él, no siendo caraqueño, es casi-casi mi paisano porque es de al lado, de Carora. Ayer, en una actividad en la Casa de las Letras Andrés Bello –que preside- fue bastante grato haber llegado como una hora antes, porque dejarse chalequear por un personaje de la literatura venezolana contemporánea, no es algo común. “¿Qué haces tú en Barquisimeto? Barquisimeto es ideal para entrar y salir”, fue la frase que le dio inicio al resto de las acotaciones provincianas de mi región. El suero, la tierra, el cactus, etc.

 

Desde lo más básico, por puro oficio –poeta y periodista-, lo he admirado, y estas son las cosas que me encantan de mi trabajo en la UNEY. Y puedo decir que está loco, creo que esa será la actitud de mis amigos escritores que no pasan los 30 hoy en día. La formalidad impuesta a las grandes figuras es una farsa como casi todas las poses de la sociedad. Aunque no sé en realidad si ésta sea una pose, pero la desfachatez –sin carácter ofensivo- es mejor que cualquiera.

 

Y copio esto que me regalaron hace poco, de su repertorio:

 

“Irnos siempre es un viaje

al interior,

 

no importa adónde,

 

sobre el hielo

o sobre la cal,

 

mucho después,

en todo”…

 

 

Y después me fui a comer con Rufi, el chalequeo cotidiano a punta de “waridades”.

 

abril 10, 2008 Posted by | Cuentos de camino, De letras, Gajes del oficio | | 3 comentarios

Brillante

Hay recuerdos que no voy a borrar
personas que no voy a olvidar
hay aromas que me quiero llevar
silencios que prefiero callar

Son dos, las caras de la luna son dos
prefiero que sigamos mi amor, presos de este sol
dejar, amar, llorar

El tiempo nos ayuda a olvidar
y allá, el tiempo que me lleva hacia allá
el tiempo es un efecto fugaz

Y hay, hay cosas que no voy a olvidar
la noche que dejaste de actuar
sólo, para darme amor

Yo vi tu corazón, brillante sobre el mic en una mano
y ausente de las cosas, pensaste en dejarlo
y tirarlo junto a mi

Hay secretos en el fondo del mar,
personas que me quiero llevar,
aromas que no voy a olvidar,
silencios que prefiero callar,
mientras vos jugás

[Estoy de reposo y para los workahólics no hay nada peor que un reposo. Aburrida, estresada de estar aburrida. Cualquier canción es válida de soundtrack, más aún si es de Fito, más aún si es ésta right now. Me leyera Rufi para que se burle de mi…] 

marzo 28, 2008 Posted by | De letras, Musiquita | , | 2 comentarios

Feli tiene un blog

Finalmente, luego de leer los blogs de muchos de ustedes, Feli –es decir, mi papá- se ha animado a abrir el suyo.  

Siempre he creído que Feli puede contar buenas historias de la cantidad de torpezas de las que, como todos los venezolanos, es víctima a diario: en los bancos, en el IPAS, en los sitios donde trabaja, en cualquier parte donde uno va a solicitar un papel para hacer cualquier cosa en la vida, y así. 

Sin embargo, vamos por partes. Ha decidido hacer un blog temático para reseñar y comentar la cantidad de “disparates” (como él mismo dice), que ve todos los días en los medios de comunicación. Como periodista y narrador de noticieros de radio, a diario se bebe las noticias de distintos periódicos de arriba abajo, y como profesor, no se le escapan los errores, cachazos y absurdos que hasta los más reconocidos medios, gestan para todo el país.  

Una búsqueda más minuciosa que la de los letreros con errores que yo publico, porque la suya, tiene que ver con una intención vinculada a su quehacer diario y a los pelones que ya forman parte de la rutina.  

Lo que oye en radio y televisión, lo que lee en periódicos, revistas y a veces, hasta libros, lo reventará en su blog Oigo, leo y reviento. 

Invitados a echarle un ojo. Hasta hoy, sólo tiene una introducción, ya vendrán los errores…

febrero 6, 2008 Posted by | De letras, Makinaciones blogueras | , | 5 comentarios

¿Cuánto tiempo esperarías al amor de tu vida?

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“Toda la vida”, dice la línea final del libro El amor en los tiempos del cólera, la más grande y tortuosa historia de amor narrada por Gabriel García Márquez, en el que es uno de mis libros favoritos. 

Forever”  es como responden los personajes de la película del director Mike Newell, la cual fui a ver con la fiebre de ser una apasionada de esta historia, recordando cada nombre, cada situación, tipo fan, pues.  

La película, contrariamente a lo usual en las adaptaciones de la literatura, omite pocos detalles, pocas situaciones, la verdad se describió muy fiel. Pero con un grave problema: pienso que es una ladilla para quienes no han leído el libro. No tiene un gancho, no tiene fuerza, no arranca nunca si no lo leíste antes. Quienes nos sabemos la historia de memoria, esperamos con ansias ver cómo van a mostrar una cosa, la otra, cómo va a ser el Nueva Fidelidad, por ejemplo, los personajes, los episodios clave.  

No así, para quienes no tienen la menor idea de quién es esa parranda de mujeres que se gana el protagonista. Hay un código implícito para quienes sabemos lo que va a suceder, y es imposible que no lo veamos hermoso, por tener una imagen preconcebida de las letras que disfrutamos.  

Creo que es una gran deficiencia, y me gustaría que quienes no hayan leído el libro, me lo confirmen, o contradigan.   

En resumen, puedo decir que amé:  

* Definitivamente a Javier Bardem. Está sobrado, pasa el guión, pasa al director. Es el Florentino Ariza, choreto y feo que siempre tuvimos en mente. Ni hablar de su caracterización, como de costumbre brillante, según yo. 

* Fernanda Montenegro (Tránsito Ariza) es una Diosa. Rescata buena parte de la película.    

* En el guión hay frases que tomaron al pie de la letra del libro, entre muchas: 

“Amor del alma de la cintura para arriba, y amor del cuerpo de la cintura para abajo”.  

El Dr. Urbino dice: “Siempre lo más importante de un buen matrimonio no es la felicidad, sino la estabilidad”. Y Fermina pregunta: “¿Y el amor?” 

Y esa afirmación que en medio de los avatares de la época, siempre se evoca a lo largo del libro: que el amor se parece al cólera.  

* Latinos y colombianos, pasaron, por lo menos fugazmente por algún personaje, aunque no sea relevante.   

Y que odié: 

* Sobre cualquier otra cosa a Shakira cantando a mitad de película. Está bien que le hayan dado relevancia a los paisanos de García Márquez, pero la presencia de Shakira en el transcurso del cuento es como un chiste y de pésimo gusto. Yo sabía que tenía una canción llamada La despedida como parte del soundtrack, pero jamás esperé que en la escena en la que el papá de Fermina se la lleva a otro pueblo, cruzando ríos en mulas, en secuencias que de pana me gustaron, iba de pronto a chillar la voz de Shakira, con unos de sus “hits”, berreando “Cada día pienso en ti”. Horrible.  

Tal vez quisieron darle un toque desgarrador por la separación de los enamorados y tal, pero poner a la chillona mayor de Latinoamérica, fue totalmente extemporáneo porque la canción y la voz tan fea y comercial, no iban ni con la época, ni con los personajes, ni con nada. Fue como encaramar un video de MTV sobre una historia de finales de 1800. Patético. Y lo peor es que la cosa se repite varias veces. Pero en general, la música es bastante mala durante toda la película, no pega con nada.  

* También es pésimo el maquillaje, sobre todo el de Giovanna Mezzogiorno, quien hace de Fermina desde su adolescencia hasta sus 72, y se nota torpemente envejecida. Son malos casi todos los maquillajes. 

* Las actuaciones en general son muy débiles. El Florentino Ariza adolescente, y el resto, salvo el malandro de John Leguizamo (Lorenzo Daza), no tienen nada de fuerza, ni trascendencia. 

* Que algunas tomas se reciclan. De las montañas, de los barcos, entre tiempo y tiempo las meten, y las repiten.  

Yo de verdad la disfruté y creo que pudo haber sido mucho peor. Pero insisto con la duda de cómo puede ser apreciada por quienes desconocen la historia.  

enero 28, 2008 Posted by | De letras, Veo Cine-DVD y poca TV | , , , , , | 6 comentarios

Libros que trajo la navidad

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En mi cumpleaños hubo algo que no me regalaron y me parecía extraño porque nunca falta: libros. Pero el 24 en el intercambio “todos contra todos” que hicimos en mi casa, me regalaron cinco! Y ahora no sé con qué tiempo los voy a leer. 

Uno de ellos es fundamental en la biblioteca que cualquiera que alguna vez haya leído algo, pero lo suficientemente encantador para haberse convertido en un clásico de la literatura hispana: Cien años de soledad, en la edición conmemorativa de su aniversario número 40 y de los 25 años del premio Nobel de García Márquez. Es la especial que publicaron este año y que siempre tuve entre los pendientes, pero nunca compré, hasta que Nelson me lo regaló ahora en navidad. Este, siempre es un buen regalo, un libro que todo el tiempo se quiere leer y que muchos tenemos de referencia para diversas situaciones. Y en edición especial, tapa dura, con la presentación de varios escritores, es más beio que en paginitas amarillas, con cubierta forrada en papel contact, como el que yo leí años atrás.  

También me regaló el de Iván Loscher, Ella era tan bella que levantaba sospechas, que si bien no es una pieza literaria, por aquello de la solidaridad radial, y lo maestro que es el personaje en los micrófonos, queríamos echarle un vistazo. 

Además, Feli me regaló una colección enviciante que publicó Grijalbo de los 1001 libros, discos y películas que hay que leer, escuchar y ver antes de morir. Son un trío de biblias enormes donde se consiguen fácilmente todos los elementos que han conformado la vida de uno. Están escritos por críticos y expertos en las tres áreas, que hacen un resumen y comentan acerca de cada pieza, y claro, la sinopsis de uno por uno es como poquito, pero tenerlos todos juntos, es para pasar horas y horas. Ya el año pasado Marie me había regalado el de una colección similar de Taschen con 1000 carátulas de discos. Ahora tengo una recopilación más extensa y muy divertida.  

Creo que de este trío tendré mucho que comentar luego. Apenas los he ojeado, y me di cuenta con cada uno, entre otras cosas,  de: 1. Que ahora es cuando me faltan libros por leer. 2. Que la mayoría de mis películas favoritas están ahí (salvo por una gran ausencia de Cameron Crowe –sólo está Say Anything-), y 3. Que Pino y Mauricio, con diez años de diferencia en sus afirmaciones, no son los únicos que creen (igual que yo) en la importancia que tiene Grace, el disco de Jeff Buckley, en la historia de la música.  

Con estos libros pasa lo que en los conciertos largos: son muchísimos en la lista, pero siempre falta alguno. Como también ocurre que figuran otros que no conozco o que no me gustan. 

¡Qué regalos tan finos me dieron este año!  =) 

diciembre 27, 2007 Posted by | De letras | , , , , | 7 comentarios

El gato de Cheshire y los gatos de Kilkenny

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Fue hecho a mano por Laura Jiménez, la niña de los muñecos con ojos de botones que me encantan. Se inspiró en “El libro de los Seres Imaginarios” de Jorge Luis Borges, que como algunos sabrán, agrupa diversos personajes extraños de la mitología y la literatura.  

Laura hizo una serie de su colección de muñecos, llamada esta vez Borges de tela. Era un trabajo para la universidad, de esos que cumplen un objetivo más que académico, con visión más lejana que los salones de Guama. Cada muñeco es un personaje con historia, que entregaba en bolsas de papel, con un extracto del libro en una tarjeta.  

La mía, dice esto de “El gato de Cheshire y los gatos de Kilkenny”: “Se han propuesto varias explicaciones. Una, que en Cheshire vendían quesos en forma de gato que ríe. Otra, que Cheshire es un condado palatino o earldom y que esa distinción nobiliaria causó la hilaridad de los gatos”.  

Y en el libro también dice como explicación: “En la novela onírica Alice in Wonderland publicada en 1865, Lewis Carroll otorgó al Gato de Cheshire el don de desaparecer gradualmente, hasta no dejar otra cosa que la sonrisa, sin dientes y sin boca. De los Gatos de Kilkenny se refiere que riñeron furiosamente y se devoraron hasta no dejar más que las colas. El cuento data del siglo XVIII”. 

Entre la gracia y el ímpetu de esos gatos, el mío tiene mucho estilo y ahora sonríe desde mi cuarto kitsch, con el deleite de ser un hijo de Borges y la gratitud de ser producto de una hija-nieta de las artes sanfelipeñas. 

Un pajarito me sopló que la próxima colección de Laura, estará inspirada, precisamente, en los personajes de Alicia en el país de las maravillas. I can’t wait.

diciembre 20, 2007 Posted by | De letras | , , | 3 comentarios

“No hago otra cosa que olvidarte”

A mi no me gusta Alejandro Sanz. Sí, que raro jajaja. Aunque tiene algunos temas que me gustan (uno que otro) y me sé Corazón partío, como el resto de la humanidad, en general, no me agrada. Primero, no me gusta en lo absoluto la voz, parece que se le estuviera acabando, y luego, tampoco me gustan las letras de sus canciones. En especial, de su último disco.

Este, me lo sé de memoria, porque mi compañera de viaje Sanfelipeño, fan number one de Sanz, lo tiene en el carro. Hay un tema que se llama A la primera persona, que, créanme, parece que al tipo lo estuvieran matando a palos y grita auxilio desesperadamente a la primera persona que pase, no sé. Hay otra de un tren, una de un corazón como un limón, en líneas generales, creo que es el peor de los discos de Alejandro Sanz, un disco muy absurdo y aburrido. Y no es una crítica, es mi humilde opinión (como todas las de este blog), según lo que he escuchado en la autopista Rafael Caldera.

Tiene un aditivo este disco, conocido de memoria por la mayoría, lo apuesto: el dúo con Shakira, quien tampoco me gusta, desde luego. Aunque debo confesar, que cuando no era nadie y era más auténtica, tenía unas cancioncitas que me gustaban, cuando yo tenía como 17 años.

En fin, lejos del chisme de su romance y de su dueto anterior, la espantosa canción que a diario sonaba en mi programa, llamada no por casualidad “La Tortura”, en este disco cantan juntos “Te lo agradezco pero no”. Y cuento todo este gamelote solamente para decir, que me calo el tema con atención, sólo para escuchar la frase que me encanta, que dice: “Yo ya logré dejar de amarte, no hago otra cosa que olvidarte”.

Una contradicción optimista que todos alguna vez nos hemos creído, voluntaria o involuntariamente. El enfrentamiento con el despecho, con cierta dignidad. Para nada, para que al final signifique que todo sigue igualito.

Es como lo que dice Manu Chao en La despedida: “Ya estoy curado, anestesiado, ya me he olvidado de ti”, y en el fondo, bajito, le canta como la conciencia: “Te espero siempre mi amor, cada hora, cada día, cada minuto que yo viva…”

Y así nos engañamos todos, como bien lo dice Alejandro Sanz en esa canción en la que “berrea” a dúo con Shakira, la reina del llanto cantando:

“No hago otra cosa que olvidarte corazón, por la mañana temprano, luego en la tarde, en la noche…”

abril 2, 2007 Posted by | De letras, Musiquita | 6 comentarios