Edelweiss’s Voice

El sonido de mis letras

La supremacía del foami y el papel maché

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Hace un par de semanas retomé mi curso en el componente docente de la UPEL. Lo había dejado hace unos cuantos años cuando trabajaba de noche en el Hilton y luego, tratando de hacer las cosas más fáciles comencé a hacerlo online en la UFT, pero es un asco. Así que antes de seguir perdiendo mi tiempo en mi a pesar de todo, querida alma matter, decidí estresarme los martes y los jueves para llegar a tiempo de San Felipe a la UPEL y finalmente, tener obtener mi diplo de docente.

 

Pero no es de mis planes de teacher, mi fobia a los grupos de compañeros de clase, contenidos y demás cosas que han estado implícitas en toda mi vida académica de lo que quiero escribir.

 

Lo que me tiene en un severo y confuso shock es el hecho que en pleno siglo 21 cuando todo el mundo se comunica por blackberry, carga su laptop para todas partes e investiga en la Wikipedia, aún exista en los salones de clase la supremacía del foami, el papel maché y bond, y la pega Ega, como cuando yo veía manualidades y hacía cintillos en 4to grado. Dios mío, ten piedad.

 

Toda mi vida he sido anti láminas, anti adornos para presentaciones y exposiciones, ni siquiera en mi tesis hice una cochina lámina, que según yo, no son más que pérdida de tiempo y apoyo para los que no tienen idea de lo que están hablando. Como una chuleta. Ni hablar de los refrigerios. ¿Van a estudiar o van a comer? Nunca entendí tampoco por qué nos obligaban en algunos casos a llevar refrigerio. Afortunadamente, en la UFT estudié con la hija del dueño de la panadería Hawaii Pan y la metíamos en los trabajos a cambio de unos pastelitos, y todos contentos. Yo prefiero escribir páginas y páginas antes que ocuparme de lo accesorio que no tiene ningún papel relevante, al final.

 

Cuando volví a los salones de la UPEL me di cuenta que había olvidado por completo cosas tan absurdas como hacer “distintivos” para todos los compañeros que presenciarán nuestra exposición. Unos dicen “bienvenidos”, otros el título del trabajo y otros más esmerados los nombres de cada persona.

 

La popularización de los fulanos mapas mentales y conceptuales ha revivido al papel bond, es cierto. Lo que no entiendo es por qué rayos el mapa hay que adornarlo con papel arrugadito en las esquinas y una demasiado “escuela-estadal-de-cuando-yo-estudiaba-primaria”, tiza de colores. Juro que retrocedí 20 años y jamás encontré el motivo.

 

¿Por que? ¿Por qué? ¿Por quéeeeeee? No lo entiendo. Lo más paradójico de todo este asunto es que el primer día abordamos el tema del “nuevo paradigma del docente”, para lo cual entonces, deberíamos llevar papel bond, marcadores, etc, etc….tiene sentido? Ningún profesor de los inolvidables o altos intelectuales que me han dado clase en alguna de las 3 universidades donde he estudiado, o que he conocido en la universidad donde trabajo, recurren a esas técnicas tan básicas y obsoletas. NINGUNO. ¿Entonces? ¿Me estoy engañando nuevamente con estas clases? Lo que sé es que si quiero consagrarme como docente en algún momento de mi vida, ja-más lo haré de esa manera. Ni con las benditas dinámicas de inicio y cierre.

 

En este caso, los temas que hemos estudiado hasta ahora son interesantes y también las metodologías tipo taller que los otros estudiantes aplican según el día de su exposición. Es ese aparataje decorativo el que no aguanto y me hace la cosa contradictoria. Y bueno, yo que soy tan maniática pa todo, siempre tengo algo por qué sufrir.

 

Otra cosa fundamental, es el tiempo. Pana, hay que tener mucho tiempo libre para hacer bolsitas como la de la foto arriba con papel pintado, pegarle asitas de foami y flores de adorno, y no conforme con eso, abrirle huecos a los lados y meterles un hilo decorativo. Yo no tengo ni el tiempo, ni la habilidad, por eso para mi, finalmente, tienen mucho mérito, en realidad.

 

El Twitter Berry me ha salvado de la fatiga que me producen las dinámicas bailables, los arreglos de manualidades y las láminas de power point que hacen la clase interminable y me confirma que no soy la única que piensa esto. Y me he preguntado ¿Será que me metí en clases de preescolar sin saberlo?

 

Antes de que alguien de por allá, que no conozca mis quejaderas de aquí, lea y malinterprete, aclaro: Mis compañeritas me agradan mucho, al igual que la profesora MsC que habla con mucha propiedad y de manera convincente y respetable. Pero los temas que tan bien explica no van con el foami. Es decir, mi estrés es contra la actividad en sí. No sé de quién es la idea, quién lo promueve. Tal vez al inicio del diplomado les metieron un chip que les configuró que esa es la mejor y más grata manera de hacer las cosas. Porque cuando yo empecé en 2005, tenía un equipo buenísimo: abogados, contadores y periodistas, todos ocupados. Nos dividíamos los puntos de los trabajos y en las noches armábamos la cosa por MSN y ya. Si había que llevar alguna decoración adicional, la más hábil en la materia la hacía, pero fue muy poco, realmente.

 

Me quedan 5 módulos y espero que las cosas cambien, y en la medida que el tiempo pase vea menos el foami y el maché. Lo único que concluyo es que  pareciera que yo no pertenezco a esta época y en vez de haber dejado el diplo hace 4 años y rregresar en 2009, la cosa hubiera sido a la inversa.

 

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abril 7, 2009 Posted by | Crónicas Amotinating, La gente es así, Manías | 16 comentarios