Edelweiss’s Voice

El sonido de mis letras

Después de la playa

Cuando me fui a Mérida ya había relatado lo cómoda que soy para ir de vacaciones. Y en ocasiones anteriores, en mi finado blog, conté las razones por las que no me gusta ir a la playa. No se trata de que no me guste la playa, porque me encanta, lo que no me gusta es la roncha que está implícita en todos los viajes al mar. Y eso que yo jamás he ido- ni iré- a quedarme en carpa en la orilla, en la intemperie, frente a la posibilidad de que llueva, con plaga, sin un baño, ni una cama. Totalmente inconcebible para mi.

Tampoco me entusiasma mucho la idea de llegar a una casa que hay que limpiar y acomodar al llegar y al salir, y de paso, según el tamaño del grupo, hacer un comidón, para lo que hay que cargar un perolero. A mi se hace todo eso una ladilla, sumado al ya inevitable fastidio que trae consigo la arena hasta por dentro de los oídos, y de paso la piquiña o el ardor que le deja a uno el sol, después de perseguirlo durante todo el viaje. Son como muchas cosa, diría yo.

Es por eso que cuando mi mamá insistió en ir a la playa, nos sentamos frente al computador a buscar hoteles cómodos a donde ir. Aunque no escogimos el Coral Suites, nuestra elección en Chichiriviche no estuvo nada mal: posada con piscina, restaurante, cerquita del embarcadero, planta eléctrica, agua caliente, aire acondicionado y tv en las habitaciones. Es lo que se dice bueno, bonito y barato.

Por ahí estuvo todo muy bien, alojamiento listo. Lo que me pareció insólito de este viaje, a pesar de que yo estuve en Chichiriviche el año pasado, es lo extremadamente pueblo que sigue siendo ese sitio. Y adivinen qué? A mi me CHOCAN los pueblos que no tiene nada.

Pero el problema no es solamente que a mi me choque –cosa normal- sino que es uno de los destinos turísticos más visitados en este país, no sólo por gente de acá, sino por un montón de extranjeros que pendientes de bañarse en beias playas, se echan el cayo hasta Falcón, para conseguir su objetivo, pero dentro de la tierra del nunca jamás.

En cuanto al lugar, primero las calles. ¿Nunca ha habido alcalde en Chichiriviche? Porque aunque a mi me encante echarle la culpa de todo al gobierno bolivariano, desde que yo tengo memoria, la calles allá nunca han servido para nada: huecos en todas partes, y no como los de Barquisimeto, sino zanjas enormes que abarcan la mitad de la calle, y en consecuencia, unos fucking charcos en absolutamente todas las cuadras, que no dejan caminar a nadie tranquilamente. Luego, inexplicablemente, la mayoría de las calles no están asfaltadas, entonces, con el agua de los charcos, siempre hay que andar por un barrial inmenso. Lo único asfaltado de principio a fin, es la avenida principal por donde están las tienditas y eso. ¿Puede tener alguna explicación sensata que un sitio turístico como éste, se encuentre en esas condiciones?

Luego, los servicios, malos, como en casi todo el país. Comenzando por los taxis, tema en el que yo soy experta. No hay una sola línea de taxis en todo el bendito pueblo, pese a la cantidad de hoteles y gente que anda a pie. Cuando nosotros preguntamos por “algún taxi”, en el hotel nos dijeron que no llamaban a nadie porque todos eran incumplidos y que además, eso “aquí no se usa”. Queeeeeee!. Yo pensé que eran caprichos de la señora de la posada que no quería que la ladillaramos por taxis todas las noches, y estaba amotinada, por supuesto, porque ese chip que me metieron en el Hilton cuando trabajé allá, de que al cliente hay que conseguirle todo lo que pida, no se lo han metido a ninguno de los que me prestan servicios a mi.

Pero cuando nos fuimos a la calle, nos dimos cuenta de que en realidad es así. Comimos en el malecón (lo único que tiene vida en aquel lugar), y allá nos dijeron que “taxis hasta allá no llegan, hay que buscarlos”. Y en efecto, los taxis no andan rodando por ahí a ver si hay algún pasajero necesitando sus servicios. De hecho, cuando vimos pasar un par de ellos por la avenida como una aparición, les sacamos la mano con la señal de costumbre, y no se detuvieron, salvo el segundo, que se regresó, como dudando de lo que significaba aquel llamado. Así, dimos con la “parada” donde ellos se agrupan a esperar que la gente los busque, y no ellos a la gente, como es lo usual en todas las ciudades normales del mundo. Y allí el taxista nos dijo que ellos esperaban a los clientes, porque allá la gente no usa mucho taxi. Costumbres, digamos. Estamos claros que allá todo es cerca, pero tampoco para ir todos los días a todas partes a pie, y menos si se hace de noche, cuando caminar a cualquier hora en este país es inseguro, sobre todo por esas calles que obviamente, no están iluminadas.

Por otro lado, esos mismos taxistas que logramos encontrar, no sabían nada de lo que les preguntábamos. Mi mamá, que estaba loca por ir a un bingo, les preguntaba sobre los que hay en Isla del Sol y en Flamingo, y nos decían o que allá no había bingo, o que no abrían todos los días, o directamente, que el taxista estaba muy cansado para ir hasta allá.

Por eso es que entre otras cosas, yo duré años sin ir a la playa, salvo las de Margarita. Porque vas allá y sabes que vas a tener, no sólo playas bellísimas, sino una metrópoli entera (al menos en servicios, porque Margarita también tiene sus latitudes pueblerinas), y que trabajo no vas a pasar. Pero como me dijo Alfredo Izaguirre, como no tengo sueldo de ministro, no puedo ir a cada rato, aunque tengo la suerte de ir a menudo gracias a nuestro resort.

Sin embargo, no todo es tan malo. Mientras el 90% de la población no se mete en la cabeza el provecho que le pueden sacar a todo en lugares turísticos, hay un escaso 10% que al menos hace algo. Frente a la posada, había una bodega, tal cual, con un señor que se las sabía todas y nos conseguía lo que necesitábamos. Primero, tenía de todo, era como un Farmatodo, estilo pulpería. Negoció con Feli y Nelson, venderles tantas cervezas para llevar a la playa, les prestó la cava por los días que estuvimos allá, hacía destapadores y tenía respuestas para cada pregunta. Hasta alquilaba habitaciones arriba del negocio. Ese sí es un visionario. Otro punto a favor son los lancheros que nos llevaron a los cayos. Todos amables y súper puntuales, pendientes del buen funcionamiento de su negocio. Les dan tres patadas a los taxistas de Barquisimeto. Además, las lanchas están como repotenciadas y se ven nuevecitas, no como en años anteriores cuando ya no podían con el deterioro.

 

Anyway, la playa estuvo muy rica. Los cayos cercanos a Chichiriviche siempre son un buen lugar de relax, parte de ese paraíso que nos queda en Venezuela, y que supongo, será la razón porque la que a pesar del pésimo contexto, volvemos una y otra vez.

 

Las fotos, aquí

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septiembre 2, 2007 - Posted by | Cuentos de camino, La gente es así, Manías

13 comentarios »

  1. Edel como estas, por favor recomienda la posada que al parecer si estuvo buena!

    Saludos!!!

    Comentario por El Yayo | septiembre 2, 2007 | Responder

  2. Ay, verdad, Yayo, nunca lo dije! Se llama Casa manantial. En internet la puedes ver: http://www.posadacasamanantial.com

    Comentario por edelweissvoice | septiembre 2, 2007 | Responder

  3. Ja…otro calvario más…tengo 20 años conociendo Chichiriviche y lejos de mejorar empeora, cada día esta mas feo y abandonado, pero al menos al llegar al playita se le olvida a uno un rato las ronchas previas…
    Saludos

    Comentario por el loco | septiembre 2, 2007 | Responder

  4. Chichiriviche es horrible, me atrevo a decir que Tucacas es ¿mejor?. Yo fui en abril por un velorio y debo decir que, en 5 o 6 años que tenía sin ir, ah empeorado sostenidamente. ¿Conoces la pescadería?.

    Bueno,
    saludos.

    Comentario por pino | septiembre 2, 2007 | Responder

  5. Chichiriviche y Tucacas siempre han sido de lo peor como pueblos, tal vez parte del problema sea que las playas son espectaculares y se nos olvida mucha de la roncha que pasamos, ademas de que nos acostumbramos a que las cosas no funcionen y se nos hace normal que los lancheros cobren lo que les da la gana en vacaciones, que no haya electricidad y que toda la calle sea un inmenso hueco.

    Comentario por Rebelde | septiembre 2, 2007 | Responder

  6. jajaja… las aventuras de Edel!

    De pana que Chichiriviche es como la versión playera de Macondo, un pueblo olvidado por el mundo… afortunadamente disfrutaste de la playita, a tu manera pero lo hiciste :p

    Comentario por adriale | septiembre 3, 2007 | Responder

  7. no joda
    en estos dias estaba pensando
    …que qué bolas tienes…

    nunca me llevaste a comer chivo!!!!!!!!!!!!!!

    Comentario por ruido | septiembre 3, 2007 | Responder

  8. Edelweissvoice, La pescadería del muelle es lo más medieval y cochino de todo el pueblo. Ella es el epítome de todo lo malo de Chichiriviche.

    Comentario por pino | septiembre 4, 2007 | Responder

  9. El problema de chichitiviche es el crecimiento sin desarrollo, eso es lo peor, miles de hoteles 5 estrellas que nos tiran a todos los que no podemos pagarles todo lo que a ellos les da la gana, todas sus aguas negras y asi la población que de paso no tienen ninguna formacion en materia turustica nunca nos ve como turista sino como los pendejos que no nos podemos quedar en el sunway.
    Lo digo porque bastante trabajo de campo que hice mientras estudié Estudios Ambientales

    Comentario por hector martinez | septiembre 5, 2007 | Responder

  10. El pensamiento tercermundista no lo vamos a cambiar de un dìa para otro o de una salida para otra…Lamentablemente Ana, QUIZÀS NUESTROS BISNIETOS vivan un cambio favorable a nivel turìstico en nuestro paìs…QUIZÀS =/

    Comentario por belkisaraque | septiembre 5, 2007 | Responder

  11. Hola!

    Siempre me he preguntado porque los alcaldes de esos sitios no se dan cuenta del potencial que tienen?, no solo en la playa sino en pueblos de montaña que son muy visitados, y los gobernantes locales son incapaces de hacerles siquiera un boulevard para que la gente camine, supongo que es una mezcla de ignorancia (porque algunos alcaldes son casi unos iletrados-ignaros) y falta de cultura.

    Comentario por tesne | septiembre 5, 2007 | Responder

  12. Mmmmmmmmmm opino igual que el loco, será super horrible y espantoso pero cuando ves, hueles y sientes el mar se te olvida todas las ronchas. Las fotos divinas,

    PD: el mae movil es un Chevy C-2 de la Chevrolet y segun viene por el Corsa.

    Besos desde el salón.

    Comentario por maenairo | septiembre 7, 2007 | Responder

  13. Edel,

    Leí varios de tus artículos… la verdad están muy bien escritos, pero aparte de sorprenderme tu obstinación general, lo peor es darme cuenta que tengo mis días en que soy así… con excepción de lo pedaleada porque así como dependes de tu celular yo dependo también del carro jajaja así que en resumidas me caes simpática, aunque te recomiendo un poco de relax, especialmente por aquello de “yo me quedo en Venezuela”, slogan, por cierto, muy similar al mio “Yo de aquí me iré en el último barco”. Saludos y feliz fin

    Comentario por Nueva Garúa | septiembre 8, 2007 | Responder


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