Edelweiss’s Voice

El sonido de mis letras

Después de Mérida

Estuvo muy fino el viaje a Mérida. Los recorridos tradicionales: pueblos, parques, teleférico (antes de la avería del jueves), la rica comida andina y una posada fenomenal en la punta de una montaña, con una vista tremenda de toda la ciudad, de donde no provocaba salir.

Un aire distinto, la cercanía con la “naturaleza” a la que muchas veces me he negado, por no ser partidaria –involuntariamente- de la tranquilidad.

Pero aunque me divertí y estuvo muy fino, supondrán acertadamente, que descargaré mis quejas en este blog, como de costumbre. Tengo varias observaciones: Primero, hacia el taxista merideño. No saben donde queda nada y no proporcionan información exacta. Ejemplo: -“¿Señor, usted sabe si cerca del mercado (o sea, en los alrededores), queda algún sitio donde comer…un restaurantcito, un sitio de comida rápida, algo así?””. -“No, no queda nada, todo está lejísimo…hay un Mc Donalds, pero no queda cerca, hay un sitio de varias comidas pero tampoco está cerca, tendrán que comer en el mercado”. Era lo que yo no quería, por lo maniática que soy para comer, pero al final tuve que hacerlo y por suerte, no estuvo tan mal. Pero al salir del mercado, notamos que en TODA la cuadra siguiente, había pizzerías, restaurantes de pasta y sitios de comida rápida. O sea señor, usted es de dónde?

Lo mismo ocurría con los bancos. –“¿Dónde queda un cajero de X banco?” Largo silencio: -“Esteeeee, yo CREO que en tal lado”, sin mucha seguridad. -“Pero en tal lado hay uno del Banco del Sur”. ¿Cómo puede alguien saber donde queda un Banco del Sur y no saber dónde está en Banco Venezuela, por ejemplo? En Margarita nosotros hemos corrido con una suerte bárbara con los taxistas, pero creo que en Mérida, no han mentalizado la importancia de su rol para el turismo local, y sobre todo, lo importante que es ayudar al turista, ubicarlo, orientarlo, no sólo hacerle una carrera y ya, como si fuera un taxista barquisimetano. Casi todos fueron así.

Luego, la gente que vive allá, tampoco sabe a qué hora cierran las cosas. O responden de una que no saben, o dan la información equivocada. Y a propósito de horarios, en Mérida como que no se han hecho a la idea de que pese a ser un pueblo, es 100% turístico….y un lugar turístico, lleno de gente a TODA HORA, no puede cerrar sus comercios a medio día al mejor estilo de los chinos, o un pueblo cualquiera del estado Lara o Yaracuy. ¿Pueden creer que a las 12 del medio día, todo estaba cerrado? Y hasta las 2 y media, de paso. Es inaudito, en un sitio al que va tanta gente y en plena temporada alta. Hacía demasiado calor, y yo, cual pueblerina de tierras calientes, llevé pura ropa de frío, así que tuve que comprar una franelita playera para seguir caminando porque estuve a punto de cocinarme. Pero todas las tiendas estaban cerradas, y ni modo que esperara hasta las 2 y media. Así que lo único abierto era El Tijerazo, y con su ropa habitual fea y de tallas grandes, salió a mi rescate. Nunca había valorado tanto la existencia de un Tijerazo y su mente de industria a pleno medio día.

Sigo.En el centro de la ciudad no hay centros de comunicaciones. No es como la mayoría de los centros caóticos de todas las ciudades, en los que te tropiezas con el símbolo de Cantv o la M de Movistar a cada rato, y entras y sales para llamar. Allá no. Bueno, sí te encuentras estos logos, pero en su mayoría, de agentes autorizados. Hay uno que otro lugar para llamar desperdigado por avenidas, pero en pleno corazón de la ciudad, donde hay de todo, no hay de donde llamar, y si preguntas –continuando con lo mismo- nadie sabe. Por alláaaaaaa por fin me encontré con uno, pero obvio, por ser el único en el entorno, estaba extremadamente full. La cultura de los paragüeros tampoco está tan extendida, un par de ellos alrededor de la plaza Las heroínas. No mucha oferta. Lo que si hay como arroz son cybers.

Por otro lado, el sencillo sigue siendo una pesadilla. No hay ciudad turística, suvenirs viajeros y montones de gente que valgan en un establecimiento comercial, jamás habrá sencillo. Iba a comprar un simple imancito de pegar en la nevera que costaba 6 mil bolos, y como iba a pagar con un billete de 10, la doña me dice que no me lo puede vender porque no tiene vuelto. Intento buscar sencillo, pero sólo conseguí 5 mil, y ella insiste en que no me lo puede vender. Si fuera buena servidora turística, me lo hubiera vendido en 5 mil, porque al final, quién la manda a no tener vuelto? Pero no, es mejor no vender. Y esto fue en una estación del teleférico, de donde sube y baja gente sin parar, de todas partes, a toda hora. O sea….

Fui por primera vez al observatorio, astrofísico, como prefieran llamarlo. Bello…bellísimo, hablábamos de lo increíble que resulta que mucha gente desconozca de su existencia. ¿Pero saben qué? Primera y última. Cierto que cuando uno mira por el telescopio todo el viaje vale la pena, miles de estrellitas, planetas identificados con nombre y apellido, entre otros cuerpos que se ven así como en los libros, muy emocionante, pero a menos que seas un apasionado de la astronomía, una vez en la vida, es suficiente. El camino es espantoso. Los andinos están acostumbrados a las curvas y carreteritas protegidas por alambres de púa, pero esa subida además de terrorífica, es totalmente lúgubre a la hora que uno sale allá, que generalmente, es después de las 10 p.m. Además, se oyen muchas charlas, y yo, particularmente, estaba como muchachita, loca por ver por los telescopios (o microscopios, como dijo una señora maracucha en el tour), y hay que esperar mucho para eso. Muy educativo, muy fino, ciertamente, pero misión cumplida.

También fui al mercado. Y yo odio los mercados. Y aunque éste no es tan estresante, me repetí a mi misma por qué: mucha gente caminando por un estrecho pasillo y 367 mil locales que venden exactamente los mismo, en este caso: dulces abrillantados, gorros y guantes, muñecas de trapo y carteritas que dicen Mérida. Paso. Aunque debo agradecer que los baños del mercado son impecables, al igual que en el terminal -algo muy difícil de conseguir en Barquisimeto-. Ahí si mentalizaron la importancia del servicio para con el turista.

No podían faltar los usuarios que son una pesadilla. En el teleférico, nos topamos con un grupito de tres personas: abuela, madre e hijo, que se colearon descaradamente en todas las estaciones con el fin de sentarse de primeritos en el funicular. Eran colas largas, pero iban repletas de niños y mareados por el páramo. Si ellos estaban primero en la cola, cómo podía ser la doña (la abuela) tan desvergonzada para meterse disimuladamente, colearse y luego, enfilar a sus acompañantes? No puedo con la gente. Como la pillamos desde el principio, todo está documentado en Flickr. Jeje.

Pudo ser peor, en realidad son sólo algunas cositas percibidas que pudieran mejorar para el bienestar de todos, especialmente, de los que parecemos no estar conformes nunca.

Puntos a favor:

Descubrimos un sitio súper interesante y divertido, donde duramos horas. A simple vista, es una discotienda en el centro comercial más pavo de allá. Se llama Giros, pero no es una discotienda cualquiera: venden literalmente de todo. Cds, Lps, cassetes, libros de música, fotografía, cine, revistas culturales de todo tipo y todas las épocas, partituras, películas, videos de conciertos. Como para pasar horas y horas pues. Pero no sólo eso, sino que el material musical era extremadamente variado: música clásica, los verdaderos jazz y bossa, lo mejor del rock and roll en todas sus variantes, música venezolana y específicamente andina, pistas para karaoke, infantiles, latinas, salsa. Casi de todo. Casi, porque al ver discos de Colective Soul, Chopin, Amílcar Boscan, Bonny Cepeda, Blind Melon juntos, yo pensé que en aquel mar de variedad sonora, sería posible, quizás, encontrarme con el único disco de Dermis Tatú, por ejemplo. Pero no, había demasiados grupos nacionales, nuevos, medio nuevos y viejos. Hasta el disco de la Seguridad Nacional, pero nada que ver con los escasos ejemplares producidos por Dermis. Lo cierto es que en el sitio duramos muchísimo tiempo, porque de paso, tiene un café donde venden comida hindú, infusiones, cositas con yogur. En fin, un sitio fuera de lo común.

En la posada nos daban comida andina en grandes cantidades, exquisita, y nos atendieron excelentemente.

Yo me divertí muchísimo en la Montaña de los Sueños. Me monté hasta en los aparatos mecánicos.Y el páramo mantiene el encanto de los pueblitos, en los que va aumentando el friíto, aunque se hayan atrevido a pintar en cada una de las entradas a los pueblos El páramo es rojo rojito”. Asco.

Llegué a la conclusión de que soy como una niña para estos viajes: me gustan las cosas divertidas donde paseen a uno sin pasar roncha, no me gusta caminar, ni llevar sol, pero sí comprar y tomarme fotos “dramatizadas” que pueden ver aquí para que ilustren todo lo que acaban de leer, y vean un poquito más.

Observación adicional: Mucha gente en Mérida tiene franelas de Cardenales de Lara.

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agosto 12, 2007 - Posted by | Cuentos de camino, La gente es así

12 comentarios »

  1. aaaaaaaaaaaaaajaaaaaaaaaaajaaaaaajajajaaaaajaaaaa… yo estaba loca por leer lo que tenías que decir acerca de mi pueblo!!!!!!!! (que sí, hay que admitirlo, aún es un literal pueblo) xD

    Del Mercado Principal siempre me he preguntado por qué lo hicieron tan grande si toooodos los locales venden exactamente los mismo :s
    El Terminal es otra cosa… casi un aeropuerto… aunque en Diciembre lo vi desmejorado :/
    Ahora, con los taxistas no te metas!!!
    jejeje… mentira, lo que pasa es que a mí con ellos me va bien porque generalmente son amables y tengo la ventaja que conozco Mérida, así que no he comprobado qué tan perdidos son :p

    Comentario por Adri | agosto 12, 2007 | Responder

  2. Lo arrecho es que, con todo y que los locales del mercado principal en realidad es 1 sólo, pero dividido en 1000, todos o, es decir, el mismo, venden qué jode.

    Los taxista, coño, gente como yo que sale a ver que puede chupar del turista. Gente disfraza de taxista.. La misma gente que se arrejunta en casa de los viejos (a veces varias familias) pa desocupar el apartamente y alquilarlo unos días…

    Y sí, la carretera de llano el hato es horrible. Bien tenebrosa de noche.

    Por cierto, esta ciudad a decaido en muchos aspectos, pero aún guarda secretos que se tornan interesantes de conocer. En una próxima oportunidad, te puedo dar varios datos.

    Chau.

    Comentario por pino | agosto 12, 2007 | Responder

  3. mis dos primeras lecturas fueron de emrideños!! jeje

    es cierto Adri, el terminal es otra cosa, es demasiado fino, sobre todo comparado con el nuestro. Hasta el de Chivacoa es 400 veces mejor. Lleeeevameeee

    bueno, Pino, no todos tiene la mentalidad de industria turística que tú describes. Por cierto, ese día que estabas en el teleférico, ibas a subir? Porque otra cosa que noté, es que la mayoría d elos merideños que conozco nunca ha subido :S Viste que no eres mal comentarista. Pendiente con los datos

    Comentario por edelweissvoice | agosto 12, 2007 | Responder

  4. Hey, tienes razón, son pocos los merideños que suben o han subido en el teleférico. Fíjate que cuando era valenciano subí como cualquier turistas, pero, desde que soy gocho no he subido.

    Bueno, voy a pensar en una lista por categorías y te la pego aquí.

    Comentario por pino | agosto 12, 2007 | Responder

  5. Flaca… en Merida tienen camisas del cardenales de lara porque SON GOCHOS!… si tuvieran del magallanes fueran BRUUUUTOS… jajajajaja, besos me alegra saber que la pasaste cheverisimo en tus vacaciones.

    Comentario por Alfredo | agosto 13, 2007 | Responder

  6. Jajajajajax1000 que nota Ana…Mi papà es merideño asì que tengo sangre andina corriendo por mis venas…pero Diooxxss, eres una viejta prematura!!!

    Muxos beshoss!!! ❤

    Comentario por belkisaraque | agosto 13, 2007 | Responder

  7. Precisamente hablando del Teleférico y de esa teoría de que los merideños no han subido a él: yo nací en Mérida y viví allá hasta los 13 y ¡JAMÁS! EN-LA-VI-DA subí al Pico (en el Teleférico llegué hasta la segunda estación no más) …cosas de la vida :s

    Comentario por Adri | agosto 13, 2007 | Responder

  8. Yo fuí a Mérida en dos ocasiones y me he impresionado lo que cyuesta todo. Es una ciudad estudiantil. Y el mercado de ahí se parece al de Guaicaiupuro: Un abarrote de locales “kitsch”

    Comentario por KamX | agosto 14, 2007 | Responder

  9. Hola Edelweiss, qué buenas vacaciones, me gusta muchísimo Mérida: por un lado tienes la vista alucinante de la Sierra Nevada desde la ciudad (qué pena que ya la nieve no cubre sino uno o dos picos), los bucólicos valles que la rodean, el ambiente estudiantil/bohemio único en el país, la cortesía de sus personas, las construcciones tan características… Puede que sean cosas mías pero podría jurar que el sonido se propaga diferente en Mérida.

    Lástima que ni las vacaciones ahora escapan a la política. Digo yo… ¿hasta en el teleférico? ¿alguien recuerda lo que significa “Culto a la Personalidad”? Aunque, vamos, si la presidenta fuera Irene Sáez igual no me importaría tanto… 😉

    Saludos.

    Comentario por NBV | agosto 15, 2007 | Responder

  10. querida amiga eso que escribiste fue muy lindo pero tengo una duda .¿habitan hai personas EMO o PUNK? necesito informacion de mi origen natural ya que perdi a mis amigos y mi novio por esta forma de ser,pero quiero seguir asi con mi estilo de nueva vida gracias friend.ATT:CHICA EMO

    Comentario por Alicia Monserrat Nerí Garcia | octubre 14, 2007 | Responder

  11. NO LE HAGAS CASO A MI HERMANO NO HA TENIDO OPORTUNIDAD CN NOSOTRAS ME ENCANTO TU ARTICULO CHICA T ADMIRO MUCHO YO TAMBIEN QUISIERA HABLAR ASI DE MI CIUDAD NATAL.

    Comentario por DANY Adrian Medina Ramirez | octubre 14, 2007 | Responder

  12. me parece muy bien esto aqui aprendemos muchas cosas como los observatorios astronomicos nacional en venezuela

    Comentario por mariana | enero 17, 2008 | Responder


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