Edelweiss’s Voice

El sonido de mis letras

La dependencia de un celular suicida

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Cuando yo escuchaba las historias de los celulares que caían por accidente en pocetas, tanques de agua, tobos con coletos y hasta piscinas, no entendía, de qué manera, que no fuera el máximo despiste, aquello podía ocurrir. Hasta que me ocurrió y ya sé por qué: los celulares tienen vida propia y por un momento, quizás de tanto usarlos, escuchar y llevar nuestros cuentos, tienen un ataque suicida y deciden saltar al recipiente con agua más próximo, para ver si hacen un corto circuito, se sulfatan y nos dejan, finalmente, incomunicados.

Y eso fue lo que me sucedió, de alguna manera mi teléfono saltó con todo y forro, que siempre está bien engarzado a mi pantalón o falda, porque nunca doy un paso sin él, y se fue directo al agua. Con un rápido reflejo, yo logré agarrarlo e impedir que se sumergiera por completo, pero finalmente ya estaba mojado.

Existen muchos mitos al respecto: “apágalo y por nada del mundo lo prendas, porque puede echar chispas y ahí si te jodiste”, “desármalo, pónlo a escurrir y déjalo secar al sol”, “ábrelo, sécale la tarjeta con un trapito y pégale un secador o un ventilador todo el día y mañana te vuelve a prender”. Hay hasta páginas en internet, donde dan un montón de consejos al respecto, y todas advierten, eso si, que lo más difícil de todo, es tener que esperar… Y es cierto, pero comparte la dificultad con el hecho de no tener a quién echarle la culpa, ni con quien amotinarse.

En fin, yo opté por llevarlo a un taller-taguara, donde me dijeron que gracias a que no había transcurrido mucho tiempo, no todo estaba perdido. No estaba oxidado (cosa que, supuestamente pasa muy rápido apenas ocurre el contacto con el agua), es más, ni siquiera estaba sucio, el muy bien cuidado. Según el “técnico”, iban a meter la tarjeta en un líquido para evitar la sulfatación, durante 12 o más horas, y no sé que otra cosa en la pantalla. Quizás aplicaron la del ventilador, pero yo confié en él, como si fuera mi propio doctor.

Nacarid me consoló un poco cuando me contó que su celular, que es de esos que caminan y hacen de todo, se le cayó en un tanque y ella lo puso a secar. Ahí pensé “si ese que tiene 40 mil funciones más que el mío, revivió con técnicas caseras, el mío debe revivir a juro”. Y en efecto, el celular estaba bien al día siguiente, funcionó perfecto, me actualicé con los mensajes y llamadas que tenía represadas, y hoy, cinco días después no ha presentado ninguna anormalidad. Supongo que sería bueno, igual, cambiarlo pronto.

Ahora, lo que quiero destacar de todo este asunto es lo dependiente que somos hoy en día de este aparatico, fundamental en nuestras vidas. Al menos en la mía. Estuve unas 24 horas sin el celular y colapsé, en todo sentido.

Y es que, yo, particularmente no puedo dar un paso sin el celular. He tenido desde 1997, es decir, llevo 10 años de fuerte dependencia con mi fiel compañero, desde mucho antes que existieran los mensajes de texto y que no cobraran cuando te caía la contestadora. Claro, la dependencia no era tal en aquel entonces, fue aumentando progresivamente en la medida que le inventaron funciones, planes, rentas, que la gente dejó de llamar a las casas para hablar de una vez con el interesado a su cel, y que hasta el más limpio de este país tiene uno para comunicarse.

Mi adicción puede ser descrita con los siguientes ejemplos: Yo jamás me permito aquello de “no tengo saldo”. Nunca en la vida paso un día en tal condición, porque me estresa, en caso de necesitarlo, no tener como enviar un mensaje o hacer una llamada. Y sin necesitarlo también. “Tengo poco saldo” puede ser, pero no tener nada, jamás. Y mucho menos desde que trabajo en otra ciudad, y tengo que comunicarme por cualquier cosa, y les escribo 400 veces a mis padres y a Nelson, sea para informar, preguntar, pedir o simplemente contarles algún episodio clave sanfelipeño. Supongo que cuando tenga un hijo tendré un postpago para llamar cada media hora jajaja.

Soy de esa gente a la que no le ha terminado de llegar el mensaje, cuando ya lo está respondiendo, y de las que devuelve las llamadas perdidas para no quedarse con la curiosidad de saber quién era.

Además, soy extremadamente dependiente de los mensajes “voy saliendo, voy llegando, espérame abajo, voy por Yaritagua, préndeme el calentador, llámame”, entre otros resúmenes de cuentos que pueden ser un poco más imprescindibles…pero sólo un poco. Y ese día sin tener como hacerlo, mi desesperación era tal, que ya estaba pensando en comprarme uno nuevo, y hasta pregunté si el mismo día me podían cambiar la línea. Al mejor estilo maníaco-depresivo.

El simple hecho de no poder escribir lo que me provoca a cada rato, o cuando en realidad es una necesidad, me asfixió. Por otro lado, estaba lo de los números. Como la mayoría, me he desacostumbrado a aprenderme los números de la gente, entonces, para comunicarme con ciertas personas, tuve que maniobrar, porque todos los números los tengo guardados en el cel. Antes solía llenar una agenda, pero ahora la tengo totalmente desactualizada.

Sin embargo, no me gusta mucho comprar celulares. Se me hace necesario tenerlos para poder comunicarme, pero me choca esa costumbre que se instauró en nuestro país de que el modelo de celular es la medida para indicar tu status, si estás a la moda o no, o cuán pavo eres. Y entonces te clavan los teléfonos carísimos, por el simple hecho de estar moda, de ser el antojo de todos.

Es por eso que he tenido pocos, en comparación con el resto de la humanidad: tuve un Teletac, que fue el primero, cuando salieron y eran lo máximo. En 2000 tuve un Trium de Mitsubishi, cuando empezó Infonet y todo el mundo me dijo que no me iba a durar porque Mitsubishi lo que sabe hacer son carros. Todavía existe y sirve. En 2003 me compré un Ericsson, también con Infonet cuando ya se mandaban mensajes de texto, porque el anterior no tenía esa tecnología y tuve que avanzar. Hoy en día también existe, es el que uso en la radio para los mensajes que mandan al programa, y fue el que salió al rescate ese día para no quedarme incomunicada. Y el que uso ahora, es un Nokia 6235 que compré en diciembre de 2005, y me es suficiente como para cambiarlo: le caben un pocotón de contactos, cada uno agrupa los números de casa, trabajo, oficina; tiene radio, una camarita ahí más o menos y las funciones básicas de agenda y esas cosas. Voy bien. Y cuando pienso en uno mejor, honestamente, lo que quiero es un blackberry, algo así. Pero para ello, debo dejar de andar a pie.

Y así como para matar el episodio, cuando estaba estresada, llegando al taller donde lo llevé a reparar, venía en una cola por la Av Los Leones, y vi a mi querido amigo de universidad, Alfonzo Angulo pasar por el otro extremo. Teníamos tiempo sin vernos, medio hablamos en señas, y finalmente me dijo “te estoy llamando” como para que estuviera pendiente del teléfono, y yo, también de lejos, le dije “el cel está dañado”. Esto fue para darle un toque melodramático al cuento.

Demasiado drama para tan pocas horas, pero así son las adicciones…tipo Harry y Marion en Requiem for a Dream.

 

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julio 22, 2007 - Posted by | Crónicas Amotinating, Manías

11 comentarios »

  1. Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja que vaina mas buena… por lo menos a ti no te paso como a Infelix, que en vez de tener un celular suicida, este queria asesinar a su celular haciendolo parecer como un suicidio.

    Comentario por Alfredo | julio 23, 2007 | Responder

  2. tal vez solo era una “señal de auxilio”…
    l aproxima vez sumergelo en arroz crudo 2 o 3 dias, el arroz absorbe la humedad arrechamente (y es mas barato q el técnico), y trata de pasar mas tiempo con el

    Comentario por juan | julio 23, 2007 | Responder

  3. Mi historia fue un poco más triste, cometí asesinato en 2do grado… es decir, sin premeditación, y en un aparatoso incidente LAVE mi celular (sí, lo lavé! Con agua, detergente, cloro y hasta suavizante), el proceso de lavado duró 53 minutos, y por si fuera poco, lo batí contra el piso al sacar una sábana de la lavadora y sacudirla (de donde salió el pobre celular disparado)… mi pobre cel pasó unos días en terapia intensiva, todos los especialistas hicieron hasta lo imposible por salvar su vida… pero fue en vano… era sólo un bebé de 4 meses, un bello NOKIA6265, y por culpa de ese error, pagué con creces, pues pasé casi 3 MESES INCOMUNICADA (habría preferido la cárcel)… en fin…! =(

    *Nota: El celular salió limpio y muy oloroso! ¬¬

    Comentario por Annie | julio 24, 2007 | Responder

  4. El celular es parte de mi VIDA…por màs dràstico que suene!!!! Somos tan tecnològicamente dependientes y los ùnicos culpables del asunto tienen nuestro nombre y apellido…

    Nuevamente en la blogòsfera ❤ despuès de mi laarga y terrorìfica decepciòn. Ahora, por wordpress!!!

    Comentario por Bel | julio 25, 2007 | Responder

  5. EL SABADO ME LANZE A UNA PISCINA CON CELULAR Y TODO Y EL BICHO COMO SI NADA , ES MAS , CREO QUE LE GUSTO

    Comentario por nasalboy | julio 25, 2007 | Responder

  6. De toda la gente que me rodea, fui la última en adquirir un celular (de forma involuntaria, me lo regalaron porque no soportaban no encontrarme nunca)… La triste realidad es que es tan útil que la semana pasada me quedé sin telefono dos dias y andaba como rara…
    Maldito mercado… maldita protesis… Estoy esperando que salga alguno con batidora…
    Tu blog siempre me hace reir mucho… Cada tanto entro y leo tus últimos escritos… Y me doy cuenta de que no soy la única quejona ja!

    Comentario por Jules | julio 26, 2007 | Responder

  7. sí, búrlate Alfredo, tu sabes cual es la consigna. Anyway, todos los celulares tienen en algún momento ese espíritu fatalista.

    bueno, Juan, es una receta casera para la colección…pero falta de tiempo, no era!

    Annie felicidades por aguantar esos tres meses, digno de admiración…pero durante esos 53 minutos no te diste cuenta que te faltaba algo?

    Qué bueno que cambiaste de opinión Bel…pero tampoco fue tan largo, no? De todas maneras no te tomes las cosas tan en serio, take it easy

    Nasalboy, no lo dudo, sería una típica historia de las tuyas

    Gracias Jules….y eso que hace tiempo que no me quejo como de costumbre!

    Comentario por edelweissvoice | julio 27, 2007 | Responder

  8. Mi celular Motorola de no usarlo durante un año, perdió la línea =.(

    Comentario por KamX | julio 27, 2007 | Responder

  9. Van a descontinuar muchos modelos de celular…

    Comentario por KamX | julio 28, 2007 | Responder

  10. Lei el comentario de tu carrito,el pobre debe estar triste por que la dueña no lo maneja, pero como decimos has hecho cosas mas dificiles que una simple manejada, pero estoy de acuerdo con datos precisos de un profe, tendremos una proxima Milka Duno.

    Comentario por tu tia favorita | septiembre 30, 2007 | Responder

  11. el celular es un medio de adiccion sino sabes utilizarlo darle un uso correcto… como psicologa
    debo saber diferenciar los que son adictos en potencia y los que estan a punto de serlo, por eso es recomendable para tus hermanos, primos, hijos en todo caso su uso retrasarlo lo mas posible en los adolescentes ya que estan desarrollandose y en pleno proceso la aparicion del celular en sus vidas es motivo de una proceso que se prolongara hasta convertirse ese sujeto como adicto en potencia…
    bueno como tengo solo hermanas menores de edad les recomiendo a ellas que no se desesperen por comprarse uno… que esperen como yo a los 20 en otras palabras !que sufran como yo!! baaa yo recien tuve cel a los 20!!…

    Comentario por NATALY | mayo 31, 2008 | Responder


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